Santos ocultos

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No tenemos que convertirnos en santos para agradar a Dios. Jesús ya se ocupó de eso en la cruz.

“En Jerusalén vivía un hombre justo y piadoso, llamado Simeón, que esperaba la salvación de Israel. El Espíritu Santo reposaba en él.” – Lucas 2:25

¿Qué sabemos realmente sobre Simeón? No mucho. Sabemos que él “era justo y piadoso”, y que el Espíritu Santo reposaba en él. Sabemos que estaba esperando al Mesías. ¿Pero era él un sacerdote o un hombre común? ¿Estaba casado? ¿Tenía hijos? No lo sabemos. Ni siquiera sabemos con certeza si era anciano o joven. Asumimos que era anciano debido a la promesa de que no moriría hasta que viera a Cristo, pero no podemos estar seguros, porque la Biblia no lo dice.

Simeón es otro en la lista de personas que Dios describe casi completamente por su carácter. Zacarías, Elisabet, el propio José, Ana, la anciana que recibió a Jesús en el templo al mismo tiempo que Simeón, ¿quiénes eran estas personas? Todo lo que realmente sabemos es que eran creyentes. Eran fieles, personas que amaban a Dios, personas que esperaban la venida de Jesús. El resto de sus biografías realmente no importa. Dios menciona las cosas importantes.

Y esto nos da una buena idea de lo que Dios está buscando en nuestras propias vidas también. No está muy interesado en saber si somos ricos o poderosos, si no tenemos hijos o si tenemos muchos, si somos conocidos o poco conocidos. Dios mira el corazón. ¿Cuál es nuestra relación con Jesús? Eso hace toda la diferencia en el mundo.

La buena noticia para nosotros es que el Espíritu Santo, el mismo Espíritu Santo que reposó en Simeón, también está dispuesto a obrar en nuestros corazones. No tenemos que convertirnos en santos para agradar a Dios. Jesús ya se ha ocupado de eso a través de su muerte y resurrección. Ahora el Espíritu Santo obra en nosotros todos los días. Nos dará confianza en Jesús. Él hará de nosotros personas que aman y se regocijan en el Salvador.

ORACIÓN: Querido Espíritu Santo, obra en mi corazón y hazme la persona que tú quieres que yo sea. En el nombre de Jesús. Amén.

Para reflexionar:

- ¿Conoces a santos silenciosos y ocultos como Simeón? Describe uno.

- ¿Cómo crees que Dios te describiría a ti y por qué? (¡Ten en cuenta que te ha perdonado y adoptado!)

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