Sacrificio vivo

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Cuando nos vaciamos de nuestros propios intereses y comenzamos a buscar y obedecer la voluntad de Dios, nuestra vida espiritual se fortalece y aprendemos a vivir en el Espíritu.

"Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”, Romanos 12:1-2

¿Cuántas veces hemos leído este pasaje? Cada vez que lo leo, surge una nueva enseñanza.

Este pasaje nos habla de un sacrificio vivo. Pero, ¿cómo se puede ser sacrificio sin morir? En el Antiguo Testamento los sacrificios requerían muerte de un animal; derramamiento de sangre. Aquí Dios nos pide que nos presentemos en sacrificio delante de Él, pero como sacrificio vivo. Porque Dios es un Dios de vivos y porque Su sacrificio en la cruz es suficiente para la expiación de pecados.

Esta pregunta se contesta con el siguiente verso: no os conforméis a este siglo. Antes de conocer a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador y Señor de nuestras vidas, era nuestra carne la que nos gobernaba. Nuestra concupiscencia, los deseos de la carne, el egoísmo y el orgullo. Es ese cuerpo, esa carne la que hay que sacrificar; nuestros derechos, nuestros sueños, nuestros deseos, nuestras metas sin Dios.

Es como si a través del libro de Romanos se nos exhortara: "no te conformes con quedarte ahí, hay más para ti. No te quedes viviendo en la carne; aprende a vivir en el Espíritu". La rendición de nuestros deseos egoístas puestos en el altar de Dios es un acto de adoración, agradable a Él. Una vez nuestros deseos carnales son sacrificados y no nos adaptamos a las formas del mundo, a través del Espíritu de Dios comienza nuestra transformación mediante la renovación de nuestro entendimiento. Cuando nos vaciamos de nuestros propios intereses y comenzamos a buscar y obedecer la voluntad de Dios, entonces nuestra vida espiritual se fortalece y aprendemos a vivir en el Espíritu. Como resultado, podemos ver y aceptar la voluntad de Dios para nuestras vidas. Lo que Dios quiere de nosotras y para nosotras.

Renovarnos significa que dejo de vivir para mí y comienzo a vivir para Dios y para todo el plan que Él tiene para mí; aunque yo no lo entienda. Ahora mis metas, mis deseos, mis sueños son los que Dios tiene para mí. Yo deseo lo que Dios desea.

"Dios no está interesado en bendecir tu destino solo por ti. Él está interesado en bendecir tu destino para Él mismo. La mejor manera de vivir en este estado mental es ofrecerte a Él como sacrificio vivo, subirte al altar y quedarte allí"  -Tony Evans (traducción de la autora).

Por Nora Mujica Trenche

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