Rompiendo con tu adicción a la aprobación

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La adicción por la aprobación es agotadora y, aun peor, es idolatría. Aprende a reconocerla y a sacarla de tu vida.

“Mi nombre es Erin y tengo una adicción a la aprobación”.

Es cierto. Me encantan los cumplidos, los elogios y la adoración más que casi cualquier otra cosa. Saltaría a través de casi cualquier aro para conseguir que la gente se ponga de pie y me aplauda. 

Siempre ha sido de esa manera. Cuando era una niña contaba las mismas bromas una y otra vez para atraer risas. Cuando era una estudiante quería una A++ en cada asignación y en cada clase porque esa era la medida de aprobación en ese mundo. Como esposa y madre quiero que mi familia piense que soy extremadamente maravillosa. Si ellos pudieran escribir eso en una tarjeta para mí y dejarla en la mesa de desayuno cada mañana, seria excelente.

He sido una adicta a la aprobación por más de treinta años. Incluso al escribir esa oración, me preocupo de que pienses que soy vieja y, por lo tanto, no me apruebes. Pero todo ese tiempo ansiando medallas de oro me ha enseñado una o dos cosas. Concretamente, esa adicción por la aprobación es agotadora. Más seriamente, es idolatría, un pecado que Dios toma muy en serio, porque Él es el único digno de estar sentado en el trono de mi corazón. También pienso que Dios toma el vivir para algo más que Él (incluyendo la aprobación de otros) tan seriamente, porque eso nos priva de la vida abundante que Él murió para dar. Es por eso que Jonás 2:8 dice:

“Los que confían en vanos ídolos su propia misericordia abandonan”.

Con la ayuda de la gracia de Dios, he pasado años combatiendo mi adicción a la aprobación. Mientras que aún no he cruzado la línea de llegada, ya no vivo puramente para los elogios. Estoy bien si no le agrado a nadie. No me desmorono bajo la crítica. Y un gran y más importante cambio ha pasado – quiero la aprobación de Dios más que la de los hombres. Aquí hay tres estrategias que he aprendido para romper mi adicción a la aprobación.

1. Reconocer el efecto colador

¿Cuándo fue la última vez que regresaste a casa de la escuela y pensaste: “¡Wow! ¡Conseguí bastantes elogios hoy! No necesito más durante una semana”; Mmmm… nunca, ¿verdad?

Simplemente no funciona de esa forma. Mientras más elogios conseguimos, más elogios ansiamos. Si alguien nos dice que le gusta nuestro cabello de cierta forma, lo usamos de esa forma por una semana. Si alguien nota nuestra vestimenta, la usamos cada vez que podamos. Sí, los elogios nos hacen sentir bien, pero ese sentimiento es efímero. Es por eso que tratar de llenarse con los elogios de otros es como verter agua en un colador. (¿Sabes lo que es eso? Es lo que tu mamá usa para filtrar los espaguetis). Los elogios entran pero salen de vuelta hacia fuera.

Dios reconoce este ciclo en Jeremías 2:13:

“Porque dos males ha hecho mi pueblo: me han abandonado a mi, fuente de aguas vivas, y han cavado para sí cisternas, cisternas agrietadas que no retienen el agua”.

Cuando vivimos para la aprobación de otros, es como verter agua en un cubo agujereado. (Tal vez esto es para lo que se usaban los coladores en aquel tiempo). En cambio, cuando vivimos nuestras vidas para la aprobación de Dios, tocamos la fuente de Agua Viva. Solo ahí podemos encontrar verdadera satisfacción.

2. Aprender los lenguajes del amor de Dios

¿Qué se necesita para ganar la aprobación de Dios? Esa es una pregunta que necesito responder para poder cambiar mi obsesión por complacer a otros por complacer a Dios. Durante mucho tiempo simplemente no tuve idea de cómo hacer que el Dios del universo esté feliz conmigo. Se sintió un poco como lanzar un dardo en un tiro al blanco.

Estoy agradecida de que Él no me deja suponiendo. Al estudiar la Palabra de Dios, puedo complacer a Dios en términos concretos y pasos de acción. Aquí están algunos ejemplos:

“para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, dando fruto en toda buena obra y creciendo en el conocimiento de Dios”, Colosenses 1:10.

Pasos de acción:

● Camina en una manera digna del Señor. O sea, vivir como una embajadora de Cristo.

● Da buenos frutos.

● Aumenta tu conocimiento de Dios.

“Hijos, sed obedientes a vuestros padres en todo, porque esto es agradable al Señor”, Colosenses 3:20.

Pasos de acción:

● Obedece a tus padres en todo.

“Exhorto, pues, ante todo que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en autoridad, para que podamos vivir una vida tranquila y sosegada con toda piedad y dignidad. Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador”, 1 Timoteo 2:1-3.

Pasos de acción:

● Ora.

● Intercede.

● Da gracias (especialmente por aquellos en altas posiciones).

Mientras más estudies Su Palabra, más vas a aprender lo que a Él le complace. Ahora, porque somos adictas a la aprobación, yo sé que estamos secretamente pensando: “pero no puedo hacer todo lo que la Biblia me diga que haga, me quedaré corta, lo estropearé todo. Entonces Dios estará disgustado conmigo”.

Cálmate, dulce niña. Dios te ama porque Él te creó. Él te aprueba porque el sacrificio de Jesús llenó el vacío de las carencias que hay entre tú y el Padre. Hacer lo que dice la Biblia no puede hacer que Dios te ame más. No dar en el blanco no puede hacer que Él te ame menos. Pero hay libertad en aprender lo que le complace a Él y en hacerlo. Su Palabra no nos deja asumiendo ni adivinando. No podemos lanzar el dardo sin rumbo y tratar de hacer lo que la Biblia enseña que le complace a Dios.

3. Afirmar a otros a medida que sea posible

En algún grado todas tenemos una adicción a la aprobación. Todas quieren ser aplaudidas por otros. Con eso en mente, en vez de agarrar todas las medallas de oro para ti, ¿por qué no repartirlas libremente a otros? Conviértete en la gran admiradora de alguien. Saca tus pompones y anima a los demás en cada oportunidad.

Aboga por otros con frecuencia y bien fuerte.

Hacer eso tiene un efecto corrosivo sobre nuestra adicción a la aprobación. Olvidamos lo mucho que ansiamos ser el centro de atención cuando estamos ocupadas destacando a otros. Recibimos nuestra lección animando a otros en vez de solamente sentirnos bien cuando la gente nos da ánimo a nosotras.

La próxima vez que las cosas comiencen a dar vueltas en tu cabeza:

- “Nadie me quiere”

- “¿Por qué ella obtuvo los elogios y yo no?”

- “Si hago ______ tal vez ______ pensará que soy genial”

...toma la decisión de animar a alguien más. Ahoga aquella voz en tu cabeza que dice que necesitas agradarles a otros o podrías sentirte muy avergonzada y compadecerte defendiendo a la gente de tu mundo.

● ¿Hay alguna adicta por ahí?

● ¿Vives para los cumplidos y elogios? (viertes agua en un colador)

● ¿A quién puedes defender hoy?


Por Erin Davis

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