Renovadas

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Dios nos pide que nos examinemos constantemente, pero debemos tener cuidado de hacerlo con el lente equivocado.

“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”, Romanos 12:2

Tenemos por costumbre mirarnos y considerarnos continuamente a nosotras mismas. No es que esto sea malo, todo lo contrario. La Palabra  de Dios nos insta repetidamente a que nos “examinemos a nosotras mismas”. El problema, no obstante, está en que lo hacemos con el lente equivocado y nos vamos a los extremos, cayendo en la trampa de sobre-evaluarnos o de descalificarnos.

Al sobre-evaluarnos nos hacemos presas del orgullo, la soberbia, la arrogancia, la autosuficiencia y la vanidad. Esta posición tiende a cegarnos respecto de nosotros mismos y hacernos sentir “superiores” a los demás. Esto es sumamente peligroso y Santiago 4:6 nos lo advierte diciendo que “Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes”.

Pero por el otro lado, cuando nos descalificamos, reina el complejo, la tristeza, la depresión y la auto-conmiseración: “¡ay, pobre de mí!”. Lo grave de esta posición es que a la miseria le encanta la compañía y la amargura que nos embarga empieza a echar raíces y a contaminar a otros.

En Hebreos 12:15 Pablo nos advierte diciendo: “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados…”

Sin embargo, en Romanos 12:3, Pablo nos dice cuál es la posición correcta… “Cordura”. El contexto de éste versículo nos da la respuesta de cómo obtener ese balance y pensar con “cordura” respecto de nosotras mismas.

Los versículos precedentes, el 1 y 2 de Romanos 12, nos dicen en rogativa que el mejor servicio, el mejor culto que le podemos rendir a Dios, es el de una vida santa y agradable. Ahora, ¿cómo podremos presentarle nuestra vida de una manera santa y agradable a Dios?

El versículo 2 nos dice dos cosas MUY importantes:

Rechazando algo. No conformándonos, tomando la forma o viviendo de acuerdo a los valores, principios y conceptos de este mundo.

Adoptando Algo. Una nueva posición. Transformar nuestra manera de pensar para que nuestra manera de vivir cambie y para que mediante esa nueva manera de pensar podamos evaluar, probar y comprobar la voluntad de Dios.

Pero, ¿cómo podemos nosotros cambiar, transformar y renovar nuestra manera de pensar? ¿Cómo podremos comprobar cuál es la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios?

Dios ha puesto en cada uno de nosotros una medida de fe. Esa fe se construye, afirma y solidifica mediante la lectura y práctica u obediencia de la Palabra de Dios.  La verdadera fe es creerle a Dios y Dios mismo se encarga de darnos las evidencias sobre la cual podemos fundamentar nuestra fe y nuestra vida en Él, de modo que podamos tener una vida plena, segura y balanceada.

Dicho de otra manera, el principio de una vida balanceada y estable, emocional y espiritualmente, parte de una buena, cabal y sana comprensión acerca del valor que nosotras tenemos para Dios. Esta comprensión solo viene de la meditación y la reflexión en la persona de Dios, y Su Palabra nos asiste y ayuda en esto.

Nuestras debilidades e imperfecciones solo pueden ser combatidas navegando y nadando en las profundidades del poder purificador y sanador de la Palabra de Dios. Nos tenemos que SUMERGIR en la Palabra de Dios y creerle a Él.

De David, un hombre que estaba muy lejos de la perfección, Dios mismo dijo que era un hombre conforme a Su corazón. Ahora, conociendo la vida y los pecados de David, ¿que hubiera sido de la vida de este hombre si él no hubiera tenido un contacto tan fuerte y apegado a las Escrituras?

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