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Relación íntima

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Algunas veces sentimos que Dios no nos está hablando; sin embargo, el problema pudiera ser que nosotras no lo estamos escuchando.

"Y acostumbraba hablar el SEÑOR con Moisés cara a cara, como habla un hombre con su amigo. Cuando Moisés regresaba al campamento, su joven ayudante Josué, hijo de Nun, no se apartaba de la tienda." —Éxodo 33:11 

El amor que la mujer tiene por la comunicación podría estar vinculado a su deseo de relacionarse. Muchas mujeres disfrutan conversar con sus amigas, sus hijos, con el asistente del supermercado, con desconocidos en la calle y aun con los vendedores telefónicos (tele-mercadeo). Todas estas conversaciones tienen la intención de construir relaciones. Lo más emocionante es que a Dios le encanta que pasemos tiempo hablando con Él. A Él le gusta conversar aun más que a nosotras.  A Dios le encanta que pasemos tiempo conversando con Él.

Si lees a través de los Salmos, podrás encontrar estos temas: clamar a Dios, buscar Su rostro, alabarle y adorarle a Él. Todos estos envuelven una conversación con Él, mientras levantamos nuestros corazones en oración, mientras nos dirigimos a Él.  La comunicación es un medio necesario (y agradable) para construir una relación con Dios.

Sin embargo, es importante recordar que la conversación no es un monólogo. La conversación envuelve hablar y escuchar. ¡Qué gran privilegio el poder oír a Dios! Cuando abrimos Su Palabra, cuando nuestros corazones se disponen a recibir Su verdad, cuando nuestros ojos buscan Su rostro, ¡Dios nos habla!

La Palabra de Dios nos aconseja (Salmo 119:24). Su Palabra es el testimonio de Su boca (v. 88). Su Palabra nos guía por el camino que debemos andar (v. 105).

Algunas veces sentiremos que Dios no nos está hablando; sin embargo, el problema pudiera ser que nosotras no lo estamos escuchando.

Tómate un tiempo para reflexionar  

  • ¿Qué parte de tu día se llena con conversaciones?
  • ¿Qué porcentaje de esas comunicaciones son con Dios?
  • ¿Cómo podrías ser más intencional a la hora de escuchar a Dios?
  • Alaba a Dios con tu boca leyendo en voz alta el Salmo 66, como una oración a Dios. Luego personalízalo de acuerdo a las necesidades actuales de tu vida.
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