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Regocijándonos en medio de la depresión

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¿Qué hacer cuando la tristeza embarga tu alma? ¿Cómo regocijarnos cuando todo se ve gris?

Ella me miró con una sonrisa en su rostro y preguntó: “¿Deprimida? ¿Se murió alguien? ¿Tienes una enfermedad incurable? ¿La deuda de tu pecado no ha sido pagada?...” Luego comenzó a recitar versículos bíblicos que me decían cómo debía estar sintiéndome, pero... esa no era mi realidad...

Aquel debía ser el día más maravilloso de mi vida, pues eso debe ser el Domingo de Resurrección para los cristianos, en eso se basa nuestro gozo, nuestra esperanza, nuestro todo... Entoné las alabanzas con todas mis fuerzas pero mi corazón no se despertaba, seguía "down", y poco a poco me iba llenando de impotencia.

Reconozco muy bien los síntomas: apatía, desesperanza, cansancio, tristeza... Lucía como una depresión y yo quería llamarle así, pero en realidad no lo era... En este mundo psicologizado donde todos van por ahí diagnosticando, existe la tendencia a confundir cualquier tristeza con depresión... Ahora, suponiendo que se trate de un espectro en el que hay diferentes grados, la base podría asumirse como la misma... ¿Cuál teoría tomamos? Bueno, vamos con la más comprobada: Una distorsión en los pensamientos.

Los pensamientos distorsionados son aquellos que no se basan en la realidad o la interpretan de manera errónea. Pero el concepto de realidad no puede ser el mismo para los cristianos. Si nuestros ojos han sido abiertos, lo que Dios dice en Su Palabra es lo real y no lo que vemos con nuestros ojos carnales.

Así que podemos encontrarnos en un estado prolongado de tristeza, causado por interpretar la realidad de manera distorsionada. Por ejemplo, puede entristecerme ver la alacena vacía y no saber qué comeré, pero la verdad es que Dios es mi proveedor y ya sea en abundancia o en escasez Su mano es la que me alimenta, como decía el profeta Habacuc:

“Aunque la higuera no eche brotes,
ni haya fruto en las viñas;
aunque falte el producto del olivo,
y los campos no produzcan alimento;
aunque falten las ovejas del aprisco,
y no haya vacas en los establos,
con todo yo me alegraré en el Señor,
me regocijaré en el Dios de mi salvación” (Habacuc 3:17-18)

Me encanta el versículo 18, porque Habacuc hace lo que Pablo -inspirado por el Espíritu Santo- nos impulsa a hacer en la carta a los Filipenses:

Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!

Veamos dos ideas centrales que debemos tener presentes al sentirnos sumergidas en la tristeza (con causa o sin ella).

  1. Debemos alegrarnos independientemente de las circunstancias. La palabra que usa Habacuc para expresar esto es "aunque". Podemos traducir eso a "pase lo que pase nos alegraremos”. Pablo por otro lado nos responde ¿cuándo?: ¡SIEMPRE! Esto sería algo como "cada día, cada vez, cada minuto: SIEMPRE".  Aunque me sienta así, aunque no vea esto o aquello, aunque ________ haya sucedido, SIEMPRE me regocijaré.
  2. Nuestro gozo no proviene de ninguna circunstancia o persona externa, tampoco de nosotros mismos, sino del Señor. Tanto Pablo como Habacuc usan la preposición "en", indicándonos el lugar -en este caso la persona- donde debemos alegrarnos: "En el Señor". Esto es una gran noticia, porque a diferencia de lo que pasa dentro y fuera de nosotros, el Señor ¡NO CAMBIA! Así que la fuente de nuestro gozo es estable y será la misma por los siglos de los siglos y por eso es posible que nos regocijemos ¡siempre!

El problema es que muchas veces no tenemos los ojos puestos en el Señor, ni queremos ponerlos tampoco, pero esa es la medicina para nuestra depresión, contemplarlo a Él por medio de Su Palabra y la oración, y gozarnos en Él en medio de Su pueblo. No podemos permitir que emociones pasajeras dicten nuestra conducta como si fueran nuestro “dios”. Hemos de obedecerle a Él y dejar que las emociones sigan nuestras decisiones en lugar de marcarlas.


Por Clara Nathalie Sánchez Díaz

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