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Reciclando

Description

El mismo principio usado por Dios en la creación, es el que sigue usando para cambiar las vidas de quienes llegan y confían en Él.

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera”, Génesis 1:1-2, 31

En el principio la tierra estaba desordenada y vacía. Estaba fragmentada, deshecha, sin sentido ni propósito. Pero ese cuadro sombrío cambió drásticamente en el momento en que Dios hizo su entrada en la escena y se hizo cargo de todo. Como no hubo nada ni nadie que lo detuviera, hizo una hermosa creación. Lo más asombroso de todo es que la hizo con materiales reciclados, esto es, los mismos que componían la desordenada tierra.

Encontramos el mismo principio en las vidas sin Cristo y en aquellas que, teniéndolo, Él no es completamente el Rey y Señor; allí reina el caos y la confusión. Pero cuando le cedemos el trono y señorío de nuestras vidas, Él inmediatamente produce cambios trayendo paz, orden, propósito y esperanza.

Lo igualmente asombroso aquí es que Él no desecha los pedazos rotos de nuestra vida caótica, sino que los utiliza y con los mismos trae sanidad, nueva vida y sentido a nuestro mundo, tal y como lo hizo en la creación.

Amadas, cuán glorioso es despertar cada día y contemplar la belleza de la creación de Dios. Pero más glorioso aun es ver el cambio operado en el ser de aquellas personas que un día estuvieron sin Cristo, sin Dios y sin esperanza. Dios recicló sus vidas deshechas e hizo que todo obrara para bien.

Si tú no has recibido a Cristo como tu Señor y Salvador personal, hoy es el mejor de los días para experimentar un cambio hermoso y radical de vida. Si le conoces pero te has reservado algún(os) departamento(s) donde no le dejas entrar… ríndele todo. Él necesita TODAS LAS PIEZAS para reciclar y componer el rompecabezas de tu vida.

Oración: Amado Dios, gracias por tus manos milagrosas. Gracias porque dondequiera que tú entras produces cambios de bendición y hermosura. Redime a las amigas que no te han entregado sus vidas, e irrumpe en aquellas que tienen alguna parte donde no te dejan entrar. Que no detengamos lo que tú quieres hacer en nosotras y que tu palabra nos provea la seguridad de que tú siempre obras para bien. En el nombre precioso de Jesús, amén.

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