Recibiendo la palabra de Dios a través de la acción

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Nuestra identidad como discípulos de Cristo proviene de la relación con Dios, pero está destinada a ser vivida con nuestras obras.

Pasaje Bíblico: “El que escucha la palabra, pero no la pone en práctica es como el que se mira el rostro en un espejo y, después de mirarse, se va y se olvida en seguida de cómo es. Pero quien se fija atentamente en la ley perfecta que da libertad, y persevera en ella, no olvidando lo que ha oído, sino haciéndolo, recibirá bendición al practicarla” – Santiago 1:22-25

La fe y la acción van juntas. La comprensión y las obras están atadas, unidas en la salvación mediante la obra del Espíritu Santo en la vida de los creyentes. Santiago 2:14-17 nos pregunta:

“Hermanos míos, ¿de qué le sirve a uno alegar que tiene fe, si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarlo esa fe? Supongamos que un hermano o una hermana no tiene con qué vestirse y carece del alimento diario, y uno de ustedes le dice: «Que le vaya bien; abríguese y coma hasta saciarse», pero no le da lo necesario para el cuerpo. ¿De qué servirá eso? Así también la fe por sí sola, si no tiene obras, está muerta”.

Los pobres, huérfanos, viudos y perdidos no solo necesitan una palabra de Dios. Necesitan que actuemos de acuerdo con nuestras creencias y nuestro amor, y que sirvamos desinteresadamente con la ayuda del Espíritu Santo. Reunirnos como creyentes para adorar es solo una parte de lo que Dios pretende para nosotros como sus hijos. Si vamos a recibir todo lo que Dios tiene para nosotros, si vamos a caminar en la vida abundante que Dios quiere, debemos resolver ser hacedores de la palabra.

Tu identidad como discípulo de Cristo, sin duda, proviene de la relación con Dios, pero está destinada a ser vivida en tus obras. Dios anhela que vivas una vida de buenas obras en respuesta al amor incondicional que has recibido. Él anhela que vivas en una humildad desinteresada compartiendo con otros lo que él ha hecho en ti.

Hemos separado al cristianismo del mundo. Hemos separado al domingo del lunes, lo sagrado y lo secular. Jesús vivió en línea con el amor de Dios cada minuto que estuvo aquí. Él rompió las reglas de sanación en el día de reposo. Él ministró casi completamente fuera de las paredes de la sinagoga. Él trajo las buenas nuevas de la gracia de Dios a todos los que creían en todos los lugares a los que iba. Su vida no fue segregada de ninguna manera. El hecho de que Jesús convirtiera el agua en vino en una fiesta fue tan santo y espiritual como su lectura de Isaías en el templo, proclamando el cumplimiento de la profecía con respecto al Mesías. Su amor fue puesto en perfecta acción a través de cada palabra, milagro, paso, mirada y oración.

Con Jesús como nuestro ejemplo perfecto, vivamos de acuerdo con la voluntad de Dios. Desdibujemos la línea que separa la fe de las obras hasta que los dos se conviertan en uno. Consideremos que las comidas, las conversaciones, el descanso, el tiempo en familia y las fiestas son tan importantes y sagrados como la adoración dentro de las paredes de nuestras iglesias. Vivamos como lo hizo Jesús y hagamos del amor una acción en lugar de solo una idea de la que hablamos el domingo.

Guía de Oración:

1. Medita en el deseo de Dios de que tu fe produzca buenas obras.

“Hermanos míos, ¿de qué le sirve a uno alegar que tiene fe, si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarlo esa fe? Supongamos que un hermano o una hermana no tiene con qué vestirse y carece del alimento diario, y uno de ustedes le dice: «Que le vaya bien; abríguese y coma hasta saciarse», pero no le da lo necesario para el cuerpo. ¿De qué servirá eso? Así también la fe por sí sola, si no tiene obras, está muerta” – Santiago 2:14-17

2. Pregúntale a Dios dónde quiere que pongas la fe en acción. Podría ser comprar flores para tu esposa, encontrar una nueva forma de honrar a tu esposo, llevar a tus hijos a un viaje especial u ofrecer estímulo a alguien de tu trabajo o de la escuela. Pídele al Espíritu que te dé maneras específicas en las que desea que vivas el amor que has recibido.

3. Pídele a Dios la fuerza y ​​el coraje para cumplir su palabra. Sigue la guía del Espíritu en las buenas obras que ha preparado para ti hoy.

El Espíritu tiene una capacidad y un poder increíbles para guiar a un corazón dispuesto a actuar para Dios. Recibir el conocimiento del amor de Dios por la gente que te rodea abrirá puertas en tu propia vida para conocer mejor la plenitud del corazón de Dios. Serás bendecido más profundamente al servir a los demás de lo que podrías ser bendecido al ser servido. Dios derrama su amor y su gracia sobre aquellos que ministran de acuerdo con la guía del Espíritu. Es verdaderamente un honor ser usado por Dios para promover el avance de su reino en la tierra. Fuiste hecho para vivir la verdad del evangelio. Así que elige hoy actuar bajo la guía del Espíritu. Elige ser un hacedor de la palabra.

Lectura Complementaria: Santiago 1

Por Craig Denison

 

 

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