Rechazando las ofertas

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No caigamos en la publicidad mentirosa que el enemigo nos presenta cada día para engañar nuestro corazón.

“Y no os conforméis a este mundo; mas transformaos por la renovación de vuestra mente, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”, Romanos 12:2

Cada día nuestros sentidos son bombardeados por la publicidad y el mercadeo que buscan desesperadamente captar compradores para sus productos. La meta de los anuncios es crear una  “necesidad” en nuestra mente que nos obligue a adquirir bienes y servicios que la mayoría de las veces no podemos pagar o no necesitamos realmente.

Los publicistas estudian al público que quieren captar y dirigen la propaganda idónea de modo que cautive las emociones de ese público. Por eso muchas veces nos vemos comprando cosas que después no usamos y las vemos añejarse en un rincón de nuestro clóset o de una gaveta, pero lo hacemos porque caemos ante los encantos de la publicidad y el mercadeo.

Así como el mercadeo tiene sus estrategias para atraernos, así también el enemigo tiene las suyas para atraparnos en sus redes y distraernos de nuestra meta que es dar gloria y honra a Dios. Somos tentadas cada día con las artimañas del enemigo y sus ofertas,  las cuales nos dicen que está bien el mentir, siempre que sea una “mentirita blanca’’.

También podemos  codiciar la casa de nuestra hermana, su carro y hasta su esposo, siempre y cuando no pase de ahí. Podemos calumniar, chismear, ser mediocres en nuestro servicio al Señor, siempre y cuando asistamos cada semana a la iglesia. Y está bien con que abra mi Biblia solo los domingos, de todas maneras estoy leyendo algo.

Amadas hermanas, la Biblia nos dice que engañoso y perverso es el corazón del hombre y que solo Dios lo conoce, por tanto no creamos las mentiras del enemigo y pidamos a nuestro Padre Celestial que nos ayude a discernir entre lo bueno y lo malo, y que podamos huir de las tentaciones, rechazando todas las ofertas del enemigo.

Oración: Señor, danos dominio propio para desviar la mirada de las cosas que no aprovechan. Ayúdanos a rechazar los deleites temporales del pecado. Danos un corazón entendido para actuar sabiamente en cada situación y que nuestras vidas puedan llevar gloria a tu nombre. Por Jesús, amén.

Por: Belinda Castellanos

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