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Ríos y árboles

Description

El reino de Dios está marcado por la vida y la salud, no por el hedor y la muerte.

“Después me mostró un río límpido, de agua de vida. Era resplandeciente como el cristal, y salía del trono de Dios y del Cordero. En medio de la calle de la ciudad, y a cada lado del río, estaba el árbol de la vida, el cual produce doce frutos y da su fruto cada mes; las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones. Allí no habrá maldición. El trono de Dios y del Cordero estará en medio de ella, y sus siervos lo adorarán.” – Apocalipsis 22:1-3

¿Sabes lo que iba directamente desde el templo en la antigua Jerusalén hasta el estanque de Siloé? Una gran alcantarilla. Una zanja de drenaje techada, con la calle principal de Jerusalén justo encima. Todo lo que se introducía en ella (agua de lluvia, aguas residuales, basura) era empujado hasta que llegaba al arroyo de Cedrón y finalmente terminaba en el Mar Muerto. Esta era una configuración bastante típica para las ciudades antiguas, aunque en algunos lugares la alcantarilla no tenía cobertura, ¡con las previsibles y malolientes consecuencias!

¿Y qué de los árboles? ¿Era Jerusalén un paraíso frondoso? Muy poco probable, al menos dentro de las murallas de la ciudad. Las ciudades solían usar la madera más cercana para la construcción o para combustible. Puede que hubiera algunos árboles frutales, pero dado que Jerusalén tenía un clima en el cual el agua escaseaba gran parte del año, es probable que no se vieran muchos árboles creciendo entre las casas. Se tendría que salir de la ciudad para encontrarlos.

Pero esa no es la forma en que Dios describe la Nueva Jerusalén en el libro de Apocalipsis, la ciudad capital de los nuevos cielos y la nueva tierra de Dios. Allí, se nos dice, Juan vio "un río límpido, de agua de vida. Era resplandeciente como el cristal, y salía del trono de Dios y del Cordero. En medio de la calle de la ciudad, y a cada lado del río, estaba el árbol de la vida, el cual produce doce frutos y da su fruto cada mes; las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones".

¡Piensa en la diferencia! Un río de agua pura que da vida, en lugar de una alcantarilla; árboles con frutos que dan vida y hojas curativas, en lugar de calles estériles. El reino de Dios estará marcado por la vida y la salud, no por el hedor y la muerte.

Este es el tipo de cambio que anhelamos en nuestras propias vidas, ¿no es así? Cuando nuestra vida está seca, tenemos sed de esa agua de vida que Jesús promete; cuando nuestros mundos parecen estériles y vacíos, anhelamos el hermoso árbol de la vida que nos alimenta y nos sana. Y podemos tener estas cosas, o más bien, lo que representan, incluso ahora, en esta vida. Jesús dice: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. Del interior del que cree en mí, correrán ríos de agua viva, como dice la Escritura" (Juan 7: 37b-38). Juan nos dice: “Jesús se refería al Espíritu que recibirían los que creyeran en él. El Espíritu aún no había venido, porque Jesús aún no había sido glorificado” (Juan 7:39).

¿Y cómo recibimos ese regalo? Viene como resultado de la cruz de Jesús, donde destruyó el poder de la muerte y trajo vida eterna. A través de su sufrimiento, muerte y resurrección, Jesús tomó lo que solía ser un árbol de la muerte y lo convirtió en un árbol de vida para nosotros, para que todos los que confían en Jesús sean salvados. Ahora él promete compartir el fruto de su cruz, la vida eterna, con todos nosotros, su pueblo.

ORACIÓN: Querido Padre, tráenos al reino de tu Hijo para compartir el agua y el árbol de la vida que nos has dado como una bendición para nosotros. Amén.

Por: Dra. Kari Vo

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