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¿Qué tienes en tus manos?

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El Señor nunca va a encomendarte una tarea sin antes haberte equipado o proveerte para hacerlo.

Hasta este punto hemos atravesado por varias lecciones sobre la ley de la siembra y la cosecha, así que  finalizamos esta serie con lo siguiente.

1. Siempre tienes algo

Nunca habrá un día en tu vida en que no tengas algo. Por muy minúsculo que sea, es muy importante que sepas reconocer qué es lo tienes, aunque tal vez necesites ayuda para reconocerlo si tu circunstancia no te deja ver más allá del miedo y la desesperación.

Así lo vivió la viuda de Sarepta en 1 de Redes 17:8-24, cuando al ver que sólo le quedaban dos pequeñas porciones de alimento, planeó una última cena para ella y su familia para entonces esperar la muerte.

Mientras tanto, Elías era enviado por Dios a la casa de la mujer con algunas instrucciones. Ya en su estancia le enseñó dos valiosas lecciones:

A. Sólo porque experimentes escasez, no significa que no debes ser generoso.

B. No menosprecies lo que tienes en tus manos.

Nota que en la Biblia Dios siempre provee de su asistencia a aquellos que siguen sus instrucciones y la historia de la viuda no es la excepción, tal lo dice el versículo 8: "Yo le he ordenado a una viuda de allí que te alimente." Al leer la historia, verás que Dios dio instrucciones a la viuda, a través de Elías.

Así que puedes confiar en que el Señor nunca va a encomendarte una tarea sin antes haberte equipado o proveerte para hacerlo.

2. Sembrar es también un estilo de vida

No lo sabemos pero, quizá la viuda luego de ver el milagro de Dios en su vida probablemente ayudó a más personas haciéndolo un estilo de vida. Y si tú has experimentado la bendición de ayudar a otros, estoy seguro que no has parado de hacerlo.

Sembrar generosidad puede traerte bendiciones, así lo dice Eclesiastés 11:1: "Envía tu grano por los mares, y a su tiempo recibirás ganancias." Y en una nota a pie de página de la versión Nueva Traducción Viviente dice, da con generosidad, / porque tus regalos, en algún momento, volverán a ti. En hebreo dice Arroja tu pan a las aguas, / porque, después de muchos días, volverás a encontrarlo.

¿Notas que la viuda sembró su única semilla a pesar de su necesidad? ¡Se posicionó para recibir una cosecha sin siquiera saberlo! 

Con esto quiero decirte que sembrar generosidad, amor, tu trabajo, o lo que sea que desees tener en tu vida, a pesar de las circunstancias, puede resultar algo bueno no sólo para ti sino para otros. 

Así que, una vez que sepas qué tienes en tus manos, ¡no pares de sembrar! Sigue el consejo en Eclesiastés 11:6 "Siembra tu semilla por la mañana, y por la tarde no dejes de trabajar porque no sabes si la ganancia vendrá de una actividad o de la otra, o quizás de ambas, y no seas como el agricultor que espera el clima perfecto nunca siembra; si contempla cada nube, nunca cosecha.

Esta historia nos enseña que nuestra cosecha depende de lo que hacemos con lo que tenemos en nuestras manos; esto puede ser un don, un talento, una habilidad, experiencia, bienes materiales, etc. Eso sólo lo sabes tú.

¡Sigue adelante confiando en el Señor!

 

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