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¿Qué clase de rey?

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Jesús no usó su autoridad para destruir ni a dominar. Él vino para salvarnos, para levantarnos y hacernos libres.

Pilato volvió a entrar en el pretorio; llamó entonces a Jesús, y le preguntó: “¿Eres tú el Rey de los judíos?”  Jesús le respondió: “¿Dices tú esto por ti mismo, o te lo han dicho otros de mí?” Pilato le respondió: “¿Soy yo acaso judío? Tu nación, y los principales sacerdotes, te han puesto en mis manos. ¿Qué has hecho?” Respondió Jesús: “Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mis servidores lucharían para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi reino no es de aquí.” – Juan 18:33-36

Pilato estaba confundido. El prisionero, Jesús, no se comportaba de una manera que Pilato pudiera entender: se negaba a responder a los cargos en su contra; cuando hablaba daba respuestas misteriosas; y estuvo de acuerdo en que, si bien era un rey, no era el tipo de rey con que Pilato estaba familiarizado.

Pilato era un soldado, un gobernador al servicio del emperador romano. Los ejércitos del Imperio Romano habían conquistado el país donde vivía Jesús. Pilato sabía pelear, sabía usar su poder para tomar lo que quería. Pero Jesús decía exactamente lo contrario: “Si mi reino fuera de este mundo, mis servidores lucharían para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi reino no es de aquí.”

¿Qué clase de reino era ese? ¿Qué clase de rey era ese, que eligió usar una corona de espinas y tomar una cruz vergonzosa como su trono real? Ese es el rey que vino a liberarnos, Dios mismo en carne humana. Vino a liberar a los prisioneros, a romper el poder del mal, a destruir la muerte. Y eligió ganar esta guerra de una manera que nadie había visto antes: a través de su propio sufrimiento, muerte y resurrección.

Para todos los que reciben el amor y la misericordia gratuitos de Dios, esto tiene mucho sentido. Jesús no vino a destruir ni a dominar. Él vino para salvarnos, para levantarnos y hacernos libres.

ORACIÓN: Querido Señor, gracias por entregarte por nosotros. Amén.

Para reflexionar:

- ¿Alguna vez has estado bajo la autoridad de alguien que manejaba a las personas con miedo? ¿Cómo te sentiste?

- ¿Alguna vez has estado bajo la autoridad de alguien que sirvió a las personas con amor? ¿Cómo te sentiste?

Por: Dra. Kari Vo

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