Por sus frutos...

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¿Tu fruto está mostrando a qué árbol y labrador perteneces?

“Ahora bien, es verdad que algunas de las ramas han sido desgajadas, y que tú, siendo de olivo silvestre, has sido injertado entre las otras ramas. Ahora participas de la savia nutritiva de la raíz del olivo. Sin embargo, no te vayas a creer mejor que las ramas originales. Y, si te jactas de ello, ten en cuenta que no eres tú quien nutre a la raíz, sino que es la raíz la que te nutre a ti. Tal vez dirás: «Desgajaron unas ramas para que yo fuera injertado». De acuerdo. Pero ellas fueron desgajadas por su falta de fe, y tú por la fe te mantienes firme. Así que no seas arrogante, sino temeroso; porque, si Dios no tuvo miramientos con las ramas originales, tampoco los tendrá contigo”. – Romanos 11:17-21NVI


Después de escuchar el devocional, medita en los siguientes puntos:

 

Esta mañana me levanté pensando...

… en que si yo hubiera nacido en una región donde los cultivos de uvas abundaran y desde niño los hubiera visto y me hubiera relacionado con ellos, muy seguramente al escuchar a Jesús hablando en Juan 15 sobre las vides, el labrador y los frutos quizás hubiera comprendido rápidamente lo que me quería enseñar.

1. Jesús enseñó verdades espirituales profundas de manera sencilla. A través de la vid, el labrador y los frutos nos lleva a entender nuestra relación con él.

2. La vid no nace de manera espontánea, es necesario que sea sembrada en la tierra. La vid representa a Jesús quien vino, habitó, se relacionó y convivió con nosotros. Él siendo Dios se hizo hombre.

3. La disposición de nuestro corazón de recibirle, amarle y servirle nos da el derecho a ser hijos de Dios. Esto no depende de voluntad humana, es por voluntad divina.

4. Entender la operación espiritual de ser injertados en la vid nos hace entendidos de nuestra relación con Jesús.

5. Al vivir como injertados y no como ramas propias de la vid, que por voluntad del Padre hoy le pertenecemos sin merecerlo, la manera de relacionarnos con el mundo que nos rodea debe ser diferente y nuestro fruto debe hablar por sí solo de la vid a la que pertenecemos y de la savia de la que nos estamos nutriendo.

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