¿Por qué no tengo deseos de hacer mi devocional?

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¿No entiendes por qué si eres una hija de Dios no tienes deseos de hacer tu devocional? Aquí te compartimos algunas razones con las que quizás te identificarás.

Buscad al Señor y su fortaleza; buscad su rostro continuamente.
Salmos 105:4

Sí, sé que amas a Dios y quieres mejorar tu vida devocional porque está muy descuidada, pero te acostaste muy tarde haciendo tareas, te levantaste muy temprano y el día se te fue entre clases, Facebook, el chat y un millón de cosas que tienes que hacer. Al final del día te remuerde la conciencia y buscas tu Biblia, te pones a leer Números y en el segundo versículo ya estás soñando con el chico que te gusta.

Si de algo te consuela, puedes saber que no eres la única, la mayoría de los cristianos luchan por mantener una vida devocional estable. Pero lamentablemente al tratar de mejorar sólo buscan seguir un esquema o un patrón de cómo hacerlo.

Este problema no se resuelve comprando el último libro devocional del mercado o el cuaderno más lindo con versículos que te inspirarán cada día; estas son cosas que pueden ayudarte en el camino, pero no son LA SOLUCIÓN.

Aquí te comparto algunas razones de fondo por las cuales no buscamos a Dios en oración y no dedicamos un tiempo especial para nutrirnos de Su Palabra:

Crees que eres autosuficiente

Con tus labios dices que Dios es tu todo, pero en tu vida real no dependes de Él. Crees que puedes lidiar con tus días tú sola, confías en tu propia prudencia y te sientes capaz de enfrentar cualquier tentación o prueba en tus propias fuerzas.

Por eso el devocional puede lucir como una pérdida de tiempo, [aunque es difícil de reconocer] seguir con tus quehaceres es más importante para ti que detenerte, porque en realidad piensas que no necesitas mucho a Dios.

Necesitas entender tu necesidad de Dios

Quizás no te estás acercando a Dios porque tienes un mayor concepto de ti misma del que deberías tener, no vienes ante Dios constantemente porque en realidad no estás consciente de la posición en que estás, eres una pecadora, no eres tan buena como para no necesitar a Dios.

Necesitas confesar tu pecado y recibir su gracia

Otra de las razones por la que no te acercas a Dios puede ser que hayas cometido un pecado y sientes que no puedes venir delante de Él porque la culpa te condena. Huyes de Su presencia porque sientes un gran abismo, como si las oraciones no fueran a pasar del techo.

Quiero decirte que no hay pecado más grande que el sacrificio de Cristo en la cruz por ti, ni tampoco hay un pecado tan pequeño que no necesite ser confesado. Confiesa tu pecado y apártate porque ya Cristo pagó por ti y no necesitas redimirte a ti misma con tu indiferencia hacia Dios. Dios no rechaza a los que con un corazón contrito y humillado se acercan a Él, acércate confiadamente a Su trono.

Míralo en la Palabra:

"Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia", Proverbios 3:5

"Porque dices: 'Soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad'; y no sabes que eres un miserable y digno de lástima, y pobre, ciego y desnudo", Apocalipsis 3:17

"Los sacrificios de Dios son el espíritu contrito; al corazón contrito y humillado, oh Dios, no despreciarás", Salmos 51:17

"El que encubre sus pecados no prosperará, mas el que los confiesa y los abandona hallará misericordia", Proverbios 28:13

"Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna", Hebreos 4:17

La comunión con Dios es el propósito del sacrificio de Cristo.

¡Detente! ¿Leíste bien? Él se hizo hombre, se humilló hasta lo sumo, murió en el lugar que te correspondía para que hoy puedas relacionarte con Dios. ¡No lo menosprecies! Presentarte ante Él en oración y escuchar Su voz a través de Su Palabra es un privilegio.

¿Y ahora qué?

Esfuérzate

"Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor", Filipenses 2:12b

En otras palabras: “Esfuérzate por demostrar los resultados de tu salvación obedeciendo a Dios con profunda reverencia y temor”.

Haz todo lo que tengas que hacer, acuéstate temprano, apaga tu teléfono, organiza tu día…

Confía

"Porque Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para su beneplácito", Filipenses 2:13

En otras palabras: “Pues Dios trabaja en ustedes y les da el deseo y el poder para que hagan lo que a Él le agrada”.

Confía en que si eres una hija de Dios, Él pondrá en ti el deseo y todo lo que necesitas para buscarle.

No es coincidencia que estos dos versículos estén uno al lado del otro, porque Dios no nos ha eliminado la responsabilidad de evidenciar los frutos de nuestra conversión y amor por Él y ha querido ligarlo con su soberanía que actúa a favor de nuestra santificación.

¡Que asombroso es nuestro Dios! ¡Búscale hoy!

Por Betsy Torres de Gómez

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