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¿Por qué?

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Esta es una pregunta que Dios no siempre nos va a contestar, pero que aun así no debe llevarnos a desconfiar de Él.

Como el Espíritu Santo no les permitió proclamar la palabra en Asia, ellos se limitaron a atravesar Frigia y la provincia de Galacia. Cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu tampoco se lo permitió. Entonces dejaron de lado a Misia y llegaron a Troas. Allí, una noche Pablo tuvo una visión, en la que veía ante él a un varón macedonio, que suplicante le decía: «Pasa a Macedonia, y ayúdanos.» Después de que Pablo tuvo la visión, enseguida nos dispusimos a partir hacia Macedonia, pues estábamos seguros de que Dios nos estaba llamando a anunciarles el evangelio. – Hechos 16: 6-10

Este es un pasaje extraño. ¿Por qué razón Dios le prohibiría a Pablo y sus compañeros predicar el Evangelio en un lugar, y especialmente en la provincia romana de Asia? Cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu tampoco se lo permitió”. Finalmente, Pablo tuvo una visión en la que Dios les dijo a dónde ir: “enseguida nos dispusimos a partir hacia Macedonia, pues estábamos seguros de que Dios nos estaba llamando a anunciarles el evangelio”.

La prohibición no duró mucho. En el capítulo 18 de Hechos, Pablo está enseñando en Éfeso, una ciudad de Asia, y pronto creció allí una iglesia próspera. Pero suena raro que Dios prohíba que el Evangelio sea predicado en algún lugar. ¿Por qué será? No lo sabemos. Podemos adivinar, por supuesto. Tal vez Dios sabía que las personas todavía no estaban prontas, o tal vez había una amenaza severa de persecución y Dios no tenía la intención de que Pablo y los otros misioneros pasaran por esa experiencia en ese momento. O tal vez Dios simplemente quería llevar al grupo a Macedonia más rápido. Podemos adivinar, pero no lo sabemos.

Lo mismo sucede con nosotros hoy en nuestras vidas: a veces Dios permite cosas extrañas. Quizás seres queridos que parecían ser un cristianos fuertes, pero que se han alejado de Jesús e ido por su propio camino. Oramos por ellos y esperamos que regresen, pero parecen estar más lejos que nunca. Y cuando hablamos con ellos, parece que no estamos haciendo ningún bien. De hecho, nos preocupa que podamos estar haciendo daño. ¿Cómo podría Dios permitir que esto suceda? ¡Seguramente Dios quiere que regresen a él!

Tenemos razón al pensar que Dios quiere que regresen a la fe. Y Pablo tenía razón al pensar que Dios quería que el Evangelio se predicara en todas partes, incluyendo Asia y Bitinia. Pero los detalles de cómo Dios se acerca a las personas, el misterio de cómo Dios trata con grupos de personas e individuos, son cosas que Dios no nos ha dicho. Y esto es algo que nos cuesta comprender.

Entonces, ¿qué podemos hacer? Lo mismo que hicieron Pablo, Silas y Timoteo: podemos seguir intentándolo, mientras confiamos en que Dios muestre el camino. Porque Él lo hará. Dios llevó a los misioneros a salvo a Macedonia, donde se encontraron con un pequeño grupo de mujeres que rezaban junto a un río a las afueras de Filipos. Una de ellas fue Lydia, la primera cristiana convertida en Europa.

Sabemos que Jesús ama a las personas que nos importan, incluso más que nosotros, y sabemos que hará todo lo posible para que sean suyos. Mientras tanto, podemos orar, esperar y mantenernos listos para servir de la manera en que Jesús nos llame.

ORACIÓN: Señor, acerca a ti a mis seres queridos. Amén.

Por: Dra. Kari Vo

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