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Poderoso

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Cinco razones por las que no debemos sentirnos avergonzados del Evangelio.

“Porque no me avergüenzo del Evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego”, Romanos 1:16

El apóstol Pablo podría enumerar motivos multiplicados para gloriarse. Pablo era un intelectual, un hombre de un dilatado universo de letras, conocedor profundo del clásico griego e instruido a los pies de los más eminentes sabios de su época. Sin embargo, para Pablo no existía un motivo más elevado de gloria que el Evangelio transformador del Señor Jesucristo. Esto por cinco razones:

Primero, por lo que el Evangelio es en esencia: Poder. Dínamo es la palabra griega que traduce poder. El Evangelio no es un cúmulo de grandes pensamientos sin la capacidad de afectar el alma y el corazón, ¡nooo! El Evangelio deja su marca indeleble en el mismo asiento de la personalidad como una descarga de 300,000 voltios en el corazón del hombre. El Evangelio no simboliza, no representa, no es una vaga idea del poder de Dios… es Poder de Dios.

En segundo lugar, Pablo no se avergonzaba del Evangelio por su origen: Poder de Dios. Si algo marca la diferencia entre el Evangelio y cualquier otra cosa es su origen de procedencia; el Evangelio es Poder de Dios. No es poder de los hombres, de la mente, de la naturaleza, de la sabiduría, es poder de Dios.

En tercer lugar, por su propósito: Para salvación. El Evangelio no es para entretención de la mente, o la satisfacción de nuestra curiosidad personal; el propósito sacrosanto del Evangelio es la salvación de las almas. Cualquier otro propósito secundario es rebajar la dignidad del Evangelio.

En cuarto lugar, Pablo se gloriaba en el Evangelio por la sencillez de su método: Para todo el que cree. Creer no  demanda grandes retos intelectuales, cualquiera puede creer: un niño, un anciano, una dama, un joven, un adulto. Creer no es algo que está más allá de nuestras facultades naturales y la única forma de apoderarnos del Evangelio es a través de la fe, por medio del creer.

En quinto lugar, Pablo no se avergonzaba del Evangelio por su alcance: al judío y al griego. En el concepto antiguo, los judíos dividían al mundo en dos: El pueblo de Israel (judíos) y los gentiles (los griegos); por tanto, al decir al judío primeramente, y también al griego, está abarcando al mundo entero. Es decir, en Dios no hay acepción de personas para la salvación.

Si hay una cosa que debe ser motivo de gloriarnos en el Evangelio es precisamente esa, el alcance universal del Evangelio para las personas de todos los tiempos y todas las razas por medio de la fe.

Oración: Gracias Padre porque tu amor y misericordia se extiende a todos. Gracias porque el Evangelio es poder salvador, transformador y regenerador. Yo soy la prueba. En Cristo Jesús, amén.

Por Carmen García de Corniel 

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