Pobre en espíritu

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El ministerio de Jesús dejó en claro lo que oscurecieron miles de años de religión: la necesidad de ser pobre de espíritu para tener una verdadera relación con Dios.

Pasaje Bíblico: Dios se opone a los orgullosos, pero da gracia a los humildes”. Santiago 4:6

“Dichosos los pobres en espíritu, porque el reino de los cielos les pertenece” (Mateo 5:3). ¿Quién es este Dios para que bendiga a aquellos que están espiritualmente empobrecidos con el regalo más grande de todos: el reino de los cielos? Nuestro Dios demostró su riqueza de gracia, ayuda y amor a todos los necesitados a través de las palabras y acciones de Jesús. Jesús, que vino a revelar el corazón del Padre, sin duda se sintió atraído por los débiles, desesperados y alejados. Y en comparación con su afecto por el empobrecido, fue increíblemente crítico con todos aquellos envueltos con el pecado principal de la humanidad: el orgullo.

El ministerio de Jesús dejó en claro lo que oscurecieron miles de años de religión, pecado y el gobierno de la ley: la necesidad de ser pobre de espíritu para tener una verdadera relación con Dios. Verás, incluso hoy aceptamos una falsa doctrina de que nuestras obras de alguna manera nos justifican ante Dios. Incluso hoy creemos que debemos limpiarnos, hacerlo mejor, trabajar más o amar más para tener una relación con nuestro Padre celestial. Jesús vino a borrar la relación basada en obras y a revelar el corazón de Dios de amor incondicional, lleno de gracia, inmutable y que rompe el sistema.

Jesús ilustra poderosamente esta verdad en Lucas 18:9-14. Que sus palabras iluminen cualquier parte de nuestro corazón que aún crea que debemos hacer algo para merecer el afecto de un Padre amoroso:

“A algunos que, confiando en sí mismos, se creían justos y que despreciaban a los demás, Jesús les contó esta parábola: Dos hombres subieron al templo a orar; uno era fariseo, y el otro, recaudador de impuestos. El fariseo se puso a orar consigo mismo: ‘Oh Dios, te doy gracias porque no soy como otros hombres —ladrones, malhechores, adúlteros— ni mucho menos como ese recaudador de impuestos. Ayuno dos veces a la semana y doy la décima parte de todo lo que recibo’. En cambio, el recaudador de impuestos, que se había quedado a cierta distancia, ni siquiera se atrevía a alzar la vista al cielo, sino que se golpeaba el pecho y decía: ‘¡Oh Dios, ten compasión de mí, que soy pecador!’. Les digo que este, y no aquel, volvió a su casa justificado ante Dios. Pues todo el que a sí mismo se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”.

Tu padre te ama porque te ama. Él anhela exaltarte, bendecirte. Él desea derramar toda su bondad amorosa en cada posible área de tu vida. Pero recompensarte por una mentalidad basada en las obras es reforzar el comportamiento que solo te hará daño. Es solo al reconocer tu total y absoluta dependencia de Dios que podrás recibir la profundidad de su amor. Es solo sirviéndole porque eres amado, en lugar de para ser amado, que tus obras rendirán frutos celestiales. Es solo en ser pobre de espíritu que te descubrirás perfectamente y completamente amado, querido y disfrutado. Entonces, experimentarás la libertad y la alegría que provienen de una relación desinhibida con el amor ilimitado de Dios.

Tómate un tiempo en la oración guiada para buscar la verdadera condición de tu corazón. Pídele al Espíritu Santo que ilumine cualquier parte de tu vida que esté basada en las obras más que en la gracia. Sé honesto contigo mismo y con Dios para que la plenitud de tu necesidad sea satisfecha con la plenitud de su amor por ti.

Guía de Oración:

1. Medita sobre la importancia de ser pobre de espíritu. Permite que la Biblia encienda en ti la búsqueda de reconocer constantemente tu necesidad.

“Porque lo dice el excelso y sublime, el que vive para siempre, cuyo nombre es santo: ‘Yo habito en un lugar santo y sublime, pero también con el contrito y humilde de espíritu, para reanimar el espíritu de los humildes y alentar el corazón de los quebrantados’”. Isaías 57:15

“Fue mi mano la que hizo todas estas cosas; fue así como llegaron a existir —afirma el Señor—. Yo estimo a los pobres y contritos de espíritu, a los que tiemblan ante mi palabra”. Isaías 66:2

“Dichosos los pobres en espíritu, porque el reino de los cielos les pertenece”. Mateo 5:3

2. Pídele al Espíritu Santo que te ayude a pensar en las formas en que estás viviendo una vida basada en obras en lugar de una vida basada en la gracia. ¿En qué aspectos estás viviendo la vida con tu propia fuerza? ¿En qué cosas estás trabajando para ganarte el amor de Dios y de los demás? ¿En qué te esfuerzas por lo que ya es tuyo en Cristo?

3. Tómate un tiempo para reconocer tu necesidad ante Dios. Sé honesto con la condición de tu corazón. Sé honesto con tu pecado y quebrantamiento. Recibe el amor de Dios que lo da libremente, no porque lo mereces, sino porque es bueno.

“Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna”.  Juan 3:16

“Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros”. Romanos 5:8

“¿Puede una madre olvidar a su niño de pecho, y dejar de amar al hijo que ha dado a luz?
Aun cuando ella lo olvidara, ¡yo no te olvidaré! Grabada te llevo en las palmas de mis manos; tus muros siempre los tengo presentes”.
Isaías 49:15-16

"Ser humano es ser pobre" (Brennan Manning, El Evangelio de los Andrajosos). Todos nosotros estamos rotos. Todos nosotros estamos en necesidad. El mayor síntoma de nuestro quebrantamiento es no reconocerlo. Es solo en el orgullo que nuestra necesidad queda insatisfecha. Es solo en el orgullo que nuestro quebrantamiento no tiene curación. Servimos a un Padre bueno y amoroso que siempre nos ha amado. Cuando dejamos de intentar demostrarnos a nosotros mismos, a Dios, y a los demás que tenemos nuestras vidas en orden, realmente comenzamos a vivir de verdad. Existe una libertad, una alegría y un amor abrumadores al vivir con la realidad de que somos totalmente aceptados y amados tal como somos. Que descubras la vida abundante disponible para ti mientras vives pobre de espíritu.

Lectura Complementaria: Salmo 51

Por Craig Denison 

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