Plan de jubilación para esclavos

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La esclavitud al pecado no tiene una fecha de vencimiento, por lo que la única solución es cambiar de condición espiritual.

Entonces Jesús dijo a los judíos que habían creído en él: «Si ustedes permanecen en mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.» Le respondieron: «Nosotros somos descendientes de Abrahán, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo puedes decir: “Ustedes serán libres”?» Jesús les respondió: «De cierto, de cierto les digo, que todo aquel que comete pecado, esclavo es del pecado. Y el esclavo no se queda en la casa para siempre; el hijo sí se queda para siempre. Así que, si el Hijo los liberta, serán verdaderamente libres.» – Juan 8:31-36

¿Alguna vez has pensado en el plan de jubilación para esclavos? La pregunta es rara, lo sé. Sin embargo, en los días de Jesús, esto era algo en lo que la gente realmente pensaba. Un buen amo mantenía a sus esclavos cuando eran viejos o discapacitados; un mal amo los vendía por cualquier precio, o incluso "los liberaba". En otras palabras, básicamente los dejaba morir cuando ya no podían cuidar de sí mismos. Los esclavos no se quedaban en la casa de sus amos para siempre. No tenían ni seguridad, ni futuro, ni paz.

Ese es el trasfondo en el que Jesús está pensando cuando habla de ser esclavo del pecado. El pecado no tiene un plan de jubilación, ¡a menos que cuentes el infierno como parte de tu jubilación! El mal es un amo poderoso, pero no es bueno. Deforma y arruina a sus esclavos sin piedad. Luego, cuando están agotados, el pecado sigue con nuevas víctimas, dejando que las anteriores perezcan.

Esa no es la vida que Jesús quiere para nosotros. Ese no es el futuro que nos ofrece. Al contrario, Jesús nos ofrece un futuro y una esperanza: la verdadera libertad que viene cuando pertenecemos al Hijo de Dios.

Jesús comienza señalando una diferencia básica entre los hijos de una familia y los esclavos. Los hijos son parte de su familia para siempre. No se pueden vender, intercambiar o dejar en una esquina cualquiera. Tienen libertad y permanencia. Como adultos, también tienen autoridad, incluso de liberar a los esclavos.

Como el Hijo de Dios, eso es lo que Jesús nos ofrece: libertad y permanencia. No es la libertad de sufrir y morir abandonados, sino la libertad y la alegría que pertenecen a los hijos de Dios, a aquellos a quienes Dios ha tomado como suyos permanentemente a través de la fe en Jesús.

Jesús murió y resucitó para salvarnos; podemos confiar en él pues las palabras de Juan 1:12 se han hecho realidad: "Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su nombre, les dio la potestad de ser hechos hijos de Dios".

Nunca más volveremos a estar sin hogar, esclavizados o rechazados.

ORACIÓN: Querido Señor, gracias por liberarnos y hacernos tus hijs amados. Amén.

Preguntas de reflexión:

1. ¿Cuál crees que sea la peor parte de ser esclavo?

2. ¿En qué se parece el ser pecador a ser esclavo?

Por: Dra. Kari Vo

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