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Pidiendo sabiduría

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La sabiduría para entender la prueba no es un derecho, sino un regalo que sólo Dios puede otorgar.

“Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada”, Santiago 1:5

Cuando las pruebas se producen, la pregunta “¿Por qué?” siempre surge. El creyente sabe que está bajo la mirada protectora de Dios y vinculado a su amor inquebrantable (Romanos 8:3). Conoce que es un hijo del Padre celestial (Romanos 8:16). Esta es también la razón de la sorpresa que producen las pruebas. En ellas nos preguntamos ¿por qué permite Dios esto? La realidad es que muchas veces no entendemos la causa del porqué de las pruebas. Santiago nos exhorta a pedir a Dios que nos dé esa sabiduría que permita entender la razón de ellas.

En el versículo se supone esa necesidad. Santiago está diciendo: si alguno no tiene suficiente sabiduría para entender la prueba. No se trata de otro tipo de sabiduría, sólo la necesaria para entender el propósito de ellas. En el versículo anterior las pruebas contribuyen a que no nos falte cosa alguna. No se trata de una sabiduría intelectual sino práctica que permite entender el problema y capacita para que sepamos sufrir.

El recurso para entender la prueba está en Dios. En medio de sus pruebas Job decía: “¿De dónde, pues, vendrá la sabiduría? ¿Y dónde está el lugar de la inteligencia?” (Job 28:20). La respuesta está en las palabras del versículo de hoy: “Pídala a Dios”. La solución está en la oración, que no debe ser ocasional sino continua, persistiendo hasta recibir la respuesta de parte de Dios. No se trata de reclamar, sino de pedir. Es un ruego que descansa por fe en Su gracia. Más adelante Santiago dirá que Dios da “mayor gracia”. La sabiduría para entender la prueba no es un derecho, sino un regalo que sólo Él puede otorgar. Tengo la promesa de su Palabra: “Él provee de sabiduría a los rectos” (Proverbios 2:7). Además, el Señor dijo: “Pedid, y se os dará; buscad y hallaréis; llamad, y se os abrirá” (Mateo 7:7).

Debo confiar en que mi oración será atendida, porque “Él da a todos generosamente”. Los recursos de la gracia son infinitos, por tanto, la sabiduría que me dará será también grande. No debo dudar; sé que voy a recibir lo que necesito para entender la razón de mi prueba si la pido a Dios. Pero, mi corazón se inquieta si insisto en pedirle ¿no se molestará conmigo? En ninguna manera, el texto dice que seré oído “sin reproche”. Contrariamente a los hombres que reprochan al que les pide un favor, Dios no lo hará nunca.

Todavía más; miró al texto y mi fe descansa: “le será dada”. Sí, pido sabiduría y la obtendré. Sólo necesito paciencia para seguir llamando a la puerta de Su gracia. Esa puerta no se abrirá siempre al primer llamado, ni la respuesta vendrá de forma inmediata, porque el tiempo de Dios no siempre coincide con el mío. Necesito seguir llamando sin desesperar. Tengo que aprender a esperar confiadamente, porque Él promete dar más abundantemente de lo que puedo pensar que voy a recibir. Alma mía, no pierdas la esperanza, porque te es necesaria la paciencia “para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengas la promesa” (Hebreos 10:36).

Oración: Señor, ayúdame a entender la prueba, dame sabiduría para saber que estás en el control de ella. Permíteme seguir adelante descansando plenamente en Ti. Por Cristo Jesús, amén.

Por Samuel Pérez Millos

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