Permaneciendo en el gozo de Dios

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El plan de Dios es llenarnos con la plenitud de la alegría que se basa únicamente en él en lugar de las circunstancias siempre cambiantes que nos rodean.

Pasaje Bíblico: “Les he dicho esto para que tengan mi alegría y así su alegría sea completa” – Juan 15:11        

El reino de nuestro Dios es de alegría, regocijo y felicidad (Romanos 14:17). Nuestro Padre celestial es el que organizó una gran fiesta cuando el hijo pródigo regresó a casa (Lucas 15:11-32). Él es el Dios de los ángeles que se regocija con un pecador que se arrepiente (Lucas 15:10). Él es el Dios que celebra con nosotros, canta por nosotros y se regocija en nosotros (Sofonías 3:17). Y al final de esta era, celebrará un banquete de bodas para celebrar la alegría que tiene por la relación totalmente restaurada con nosotros, su novia (Apocalipsis 19:6-9).

La Biblia es clara en cuanto a que nuestro Dios no desea mantener su gozo para sí mismo, sino que anhela llenarnos de él hasta que desborde. Hacia el final del pasaje de Juan 15:1-17 que hemos estado estudiando esta semana, Jesús dice: “Les he dicho esto para que tengan mi alegría y así su alegría sea completa” (Juan 15:11). El plan de Dios es llenarnos con la plenitud de la alegría que se basa únicamente en él en lugar de las circunstancias siempre cambiantes que nos rodean. Es por eso que Gálatas 5:22 nos dice que “el fruto del Espíritu es... alegría…”. La alegría debe venir del Espíritu Santo dentro de nosotros. Es en la relación con Dios que experimentamos su abundante alegría. Vayamos hoy con todo entusiasmo al corazón de Dios y encontremos una reserva llena de alegría a la que anhela guiarnos. Seamos creyentes marcados por la alegría de nuestro Padre celestial en lugar de estar llenos de la insatisfacción que experimentamos en el mundo.

Entonces, ¿cómo experimentamos el gozo de Dios? ¿Cómo puede estar la alegría de Jesús en nosotros como lo mencionó en Juan 15:11? Filipenses 4:4: “Alégrense siempre en el Señor. Insisto: ¡Alégrense!”. Como hijos de Dios debemos regocijarnos en nuestro Padre celestial por encima de todo. Siempre podemos encontrar un motivo para alegrarnos cuando nuestra máxima prioridad es Dios. Nuestro Dios siempre convierte en nuestro bien lo que el enemigo planeó para nuestro mal, si elegimos amarlo por encima de todo (Romanos 8:28). Cuando nos apoyemos en Dios como la fuente de nuestro contentamiento en lugar de hacerlo en la opinión del hombre o en el éxito en el mundo, tendremos una base segura sobre la cual experimentar la alegría. Pero cuando nuestras emociones cambian con las mareas del mundo, nuestra alegría vendrá y se irá como las olas. Plántate en Dios. Regocíjate en el Señor siempre porque él siempre es digno de alegría. Al colocarlo primero, experimentarás un gozo inmenso e inquebrantable.

Para experimentar la plenitud de la alegría que Dios tiene para nosotros, también debemos confiar en sus planes. El Salmo 118:24 dice: “Este es el día en que el Señor actuó; regocijémonos y alegrémonos en él”. Cada día de nuestra vida fue creado por Dios. Y mientras el mundo funciona lejos de su guía, cuando confiamos en él y le permitimos que trabaje en nosotros y a través de nosotros, toma circunstancias que normalmente nos harían daño y los convierte en ejemplos milagrosos de su amor incesante.

Hechos 16:25-26 nos cuenta una historia en la que Pablo y Silas ejemplifican un estilo de vida de confianza en Dios. La Biblia dice: “A eso de la medianoche, Pablo y Silas se pusieron a orar y a cantar himnos a Dios, y los otros presos los escuchaban. De repente se produjo un terremoto tan fuerte que la cárcel se estremeció hasta sus cimientos. Al instante se abrieron todas las puertas y a los presos se les soltaron las cadenas”.  Paul y Silas sabían que Dios puede y va a trabajar en nuestras vidas cuando depositamos nuestra confianza en él. Así que pudieron alabar y adorar a Dios con alegría en cualquier circunstancia, y Dios hizo lo milagroso. Santiago describe este principio en Santiago 1:2-4 cuando escribe: “Hermanos míos, considérense muy dichosos cuando tengan que enfrentarse con diversas pruebas, pues ya saben que la prueba de su fe produce constancia. Y la constancia debe llevar a feliz término la obra, para que sean perfectos e íntegros, sin que les falte nada”. Podemos tener alegría en la prueba cuando confiamos en Dios y vivimos para él por encima de todo.

Tú y yo no fuimos creados únicamente para este mundo: nuestro hogar es con nuestro Padre celestial en el cielo. La alegría incesante proviene de vivir con la perspectiva de Dios en lugar de hacerlo con la perspectiva del mundo. Regocijarse viene de confiar en que nuestro Dios es perfectamente amoroso, perfectamente real y perfectamente poderoso. Pasa tiempo en la presencia de Dios experimentando su gozo. Permite que el Espíritu lleve el fruto de la alegría en tu vida. Confía solo en Dios para lograr todo lo que Él ha planeado para ti y vive hoy tu vida sobre la base inquebrantable de su amor y alegría.

Guía de Oración:

1. Medita en el deseo de Dios de llenarte de abundante gozo.

“Les he dicho esto para que tengan mi alegría y así su alegría sea completa” – Juan 15:11

“Porque el reino de Dios no es cuestión de comidas o bebidas, sino de justicia, paz y alegría en el Espíritu Santo” – Romanos 14:17

“En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad” – Gálatas 5:22

2. Reflexiona sobre tu propia vida. ¿En qué áreas no estás experimentando alegría? ¿Qué crees que está robando tu alegría en esas áreas? Pídele al Espíritu que te guíe a la plenitud de la alegría en cada área de tu vida. Confía en él mientras te guía hacia una vida de fe y sumisión a Dios.

“Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre. Pidan y recibirán, para que su alegría sea completa” – Juan 16:24

3. Recibe la alegría de Jesús. Regocíjate en él. Regocíjate en sus planes para tu día. Dale las gracias por su amor y su deseo de celebrar en ti. Pasa tiempo descansando en su alegre y pacífica presencia.

“Alégrense siempre en el Señor. Insisto: ¡Alégrense!” – Filipenses 4:4

“Este es el día en que el Señor actuó; regocijémonos y alegrémonos en él” – Salmo 118:24

“Gran remedio es el corazón alegre, pero el ánimo decaído seca los huesos” – Proverbios 17:22

Busca el gozo de tu Padre celestial durante todo el día de hoy. Cuando comiences a sentirte abatido, agobiado o deprimido, pasa tiempo regocijándote en Dios. Permite que Dios te revele lo que siente con respecto a las diferentes situaciones de tu vida. Responde a los momentos difíciles celebrando el hecho de que Dios convertirá lo que estaba destinado para el mal en bien, si te comprometes con sus planes y propósitos. El plan de Dios es llenarte de alegría incesante cada día de tu vida. Él anhela colocar el cimiento de su amor por ti cada mañana para que puedas salir a vivir tu día lleno de alegría inquebrantable. Que su promesa en Isaías 55:12 dé buen fruto en tu vida hoy:

“Ustedes saldrán con alegría y serán guiados en paz. A su paso, las montañas y las colinas prorrumpirán en gritos de júbilo y aplaudirán todos los árboles del bosque”.

Lectura Complementaria: Isaías 55

Por Craig Denison

 

 

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