Perdónate a ti mismo

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No tener gracia con nosotros mismos nos impide experimentar el amor, la gracia y la libertad que Dios nos quiere dar.

Pasaje Bíblico: “Quien encubre su pecado jamás prospera; quien lo confiesa y lo deja halla perdón”. Proverbios 28:13

Como cristianos que luchan por amar bien a los demás y viven en obediencia a los mandamientos de Cristo, a menudo somos más duros con nosotros mismos de lo que lo es nuestro Padre celestial. Si alguna vez vamos a experimentar la profundidad del amor de Dios en cada momento, debemos aprender a perdonarnos a nosotros mismos. En el libro de Brennan Manning El Hijo de Abba's, escribe una declaración poderosa que tiene la capacidad de guiarnos hacia un estilo de vida más grande de paz y abrir la puerta de nuestros corazones a afectos más grandes de nuestro Padre celestial:

"Pero no podemos suponer que [Dios] siente por nosotros lo que nosotros sentimos por nosotros mismos, a menos que nos amemos con compasión, intensidad y libertad. En su forma humana, Jesús nos reveló cómo es Dios. Expuso nuestras proyecciones como la idolatría que son y nos dio la manera de liberarnos de ellas. Se necesita una conversión profunda para aceptar que Dios es implacablemente tierno y compasivo con nosotros tal como somos, no a pesar de nuestros pecados y faltas (eso no sería una aceptación total), sino con ellos. Aunque Dios no aprueba ni consiente el mal, Él no retiene su amor porque haya maldad en nosotros."

Nuestro Padre nos ama incondicionalmente. Su gracia y misericordia nunca se agotarán. Nunca se sorprende cuando pecamos o nos quedamos cortos en la vida a la que hemos sido llamados porque sabe que lo necesitamos. Él sabe que sin su ayuda nunca lograremos llevar un estilo de vida de obediencia; sabe que si no nos encontramos constantemente con su amor nunca podremos amar completamente a los demás. Sabe que, sin estar continuamente llenos del Espíritu Santo, nunca podremos vivir en la libertad del pecado que la muerte de Cristo nos brinda.

1 Juan 2:1 dice: “Mis queridos hijos, les escribo estas cosas para que no pequen. Pero, si alguno peca, tenemos ante el Padre a un intercesor, a Jesucristo, el Justo”. Dios no aprueba nuestro pecado, él no disfruta de nuestros errores, pero estará con nosotros en nuestro quebrantamiento y necesidad cada vez que fallemos. Él nos ofrecerá misericordia y compasión cada vez que acudamos a él en confesión y arrepentimiento, y nada podría hacerle dejar de amarnos ni siquiera por un momento.

Tu Padre celestial hoy te está pidiendo que te perdones a ti mismo. Está esperando para llenarte de su misericordia y gracia hasta desbordar. Está listo para llevarte a un estilo de vida en el que te ames a ti mismo como él te ha amado. Corre a reunirte con él y permítele que te cubra con amor, honor y gracia. Deja que te muestre la profundidad de su compasión por ti y vive hoy a la luz de la gloriosa gracia de Jesús.

Guía de Oración:

1. Medita sobre la importancia de perdonarte a ti mismo. Permite que la Biblia te dé la perspectiva de Dios sobe la gracia y la misericordia.

“Él fue traspasado por nuestras rebeliones, y molido por nuestras iniquidades; sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz, y gracias a sus heridas fuimos sanados”. Isaías 53:5

“No desecho la gracia de Dios. Si la justicia se obtuviera mediante la ley, Cristo habría muerto en vano”. Gálatas 2:21

“Pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios”.  Romanos 3:23

2. ¿En qué necesitas perdonarte hoy? ¿Qué error o fracaso llevas como un peso? ¿En qué áreas no te estás ofreciendo la gracia y la misericordia ofrecidas por tu Padre celestial?

3. Pídele a Dios que comparta contigo su perspectiva. Pídele que te ayude a verte a ti mismo como él te ve. Pasa un tiempo descansando en su amor y compasión y deja que te llene de su amor hasta desbordar.

Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor”. Romanos 8:37-39

A menudo llevamos el peso de nuestros errores porque no estamos dispuestos a pedir perdón a los demás. Confesar y arrepentirse ante aquellos a quienes hemos perjudicado es una parte vital de la vida cristiana. Admitir nuestras debilidades y faltas ante los demás nos ayuda a alejarnos de la búsqueda de la perfección y nos guía a una vida de entrega y humildad. Confiesa tus pecados y pide perdón a cualquier persona a la que le hayas hecho daño, y permite que el perdón de tu Padre celestial te llene de alegría, amor y libertad donde antes solo abundaba el pecado y la vergüenza.

Lectura Complementaria: Romanos 8

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