Pedir perdón

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Cuando confesamos nuestros pecados, admitimos la intensidad de nuestra necesidad y la inmensidad de la gracia de Dios.

Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. – 1 Juan 1:9

Clementina, una niña de 10 años de Nueva York, no sólo gusta de la música clásica y desde los 4 años el violín, sino que también es empresaria.

Un invierno pasado ella y su padre hicieron todos los planes, y en cuanto el tiempo lo permitió, se pusieron a vender limonada en un parque cerca de su casa. En 20 minutos ya habían vendido 10 vasos de limonada y la mayoría de las galletas de chocolate que habían hecho.

Pero la alegría les duró poco, pues de pronto aparecieron tres agentes del Departamento de Parques y les pidieron que les mostraran el permiso para vender, a lo que el padre contestó que no tenían ningún permiso.

Como resultado, los agentes no sólo les cerraron el stand, sino que además les dieron una multa de $50.

Docenas de personas se pusieron furiosas. Hasta yo me puse furioso cuando leía esa noticia. Pero luego leí una aclaración del Comisionado del Departamento que decía que la multa iba a ser dejada de lado, que los agentes en cuestión iban a ser re-entrenados en las reglas y que a él personalmente le encantaría tomar un vaso de la limonada de Clementina.

No quedan dudas que el Comisionado sabe bien que una confesión puede cambiar las cosas. En este caso, su confesión cambió lo que podría haber sido una pesadilla de relaciones públicas en una muestra sincera de buena voluntad de parte del Departamento de Parques.

Lamentablemente, son muchos los que tienen demasiado orgullo para seguir ese ejemplo y se niegan a pedir perdón a otras personas y a confesar sus pecados a Dios. Incluso llegan a creer que el Señor no tiene ningún derecho a esperar que hagan una confesión.

¡Qué equivocados están! El Señor conoce la gravedad de nuestros pecados, y por eso es que envió a su Hijo a vivir, morir, y resucitar, para quitarnos de encima los pecados. Cuando ignoramos el pecado, ignoramos el sacrificio de Cristo.

Por otro lado, cuando confesamos nuestros pecados, admitimos la intensidad de nuestra necesidad y la inmensidad de la gracia de Dios. Razón por la cual hoy, en nuestra oración, nos confesamos.

ORACIÓN: Querido Señor, ten misericordia de mí, pecador. Perdóname por todo lo que he hecho mal y por todas las veces que he hecho algo malo. Te doy gracias por el sacrificio del Salvador y te pido que aceptes mi alegría por lo malo que ya no hago. Ayúdame a vivir éste, y cada día de mi vida, en agradecimiento por lo que Jesucristo hizo por mí. En su nombre. Amén.

Por: Pastor Ken Klaus

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