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Pastor de todas las naciones

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Aunque su reinado está oculto por ahora, Dios ha tenido y sigue teniendo autoridad sobre el mundo.

¡Que te alaben los pueblos, Dios mío! ¡Que todos los pueblos te alaben! ¡Que las naciones se llenen de gozo, porque tú juzgas a los pueblos con equidad y eres el Pastor de todas las naciones! (Salmo 67: 3-4)

Si bien hay momentos de paz, el mundo está lleno de conflictos y confusión. Tal como el Señor Jesús pronosticó acerca de estos últimos días antes de su regreso, cuando se acerque el final de los tiempos se levantará nación contra nación y reino contra reino, "y tanto aumentará la maldad que el amor de muchos se enfriará" (Mateo 24:12). Las buenas noticias casi no existen, las personas se frustran y se enojan y los líderes revelan sus fallas, por lo que podemos sentirnos tentados a preguntar: "¿Quién está a cargo?"

¿Quién está a cargo? El salmista lo sabe y nosotros también. Dios reina sobre todas las personas y sobre cada nación en la tierra. Sufriendo por razones que no comprendía, Job dijo del Dios a quien se mantuvo fiel: "La vida de todo ser está en sus manos; ¡él infunde vida a toda la humanidad!" Job reconoció el poder soberano de Dios: "Por él las naciones prosperan o son destruidas; es él quien las dispersa o las vuelve a reunir” (Job 12:10, 23). Dios reina en sabiduría y majestad sobre el mundo que creó. Líderes y naciones se levantan y caen bajo su autoridad.

Según el profeta Isaías, el Mesías habría de traer el reino de Dios a la tierra, gobernaría con justicia, juzgaría a favor de los pobres y mansos y destruiría a los malvados (ver Isaías 11:4). El Mesías ha venido, nuestro Señor crucificado, resucitado y ascendido, y reina a la diestra de Dios con toda autoridad en el cielo y en la tierra, aunque aún no vemos la plenitud de su reinado. Velamos, oramos y actuamos con compasión, ya que los pobres aún sufren opresión y los creyentes fieles persecución, mientras que los malvados triunfan. No estamos obligados a entender los propósitos del Señor. Los reinos se levantan y caen a su orden. Los conflictos surgen y se resuelven. Los propósitos del Señor en estos eventos están escondidos dentro de Su majestad y no son para que los sepamos. Como Job, estamos llamados simplemente a la fidelidad arrepentida, a confiar en nuestro Señor resucitado y reinante.

Nuestro Dios y Salvador gobierna. Aunque su reinado en el mundo está oculto por ahora, el salmista llama a las naciones, a todos los pueblos, a alabar a Dios. Cuando nuestro Señor regrese en el último día, disfrutaremos de la gloria plena y revelada de su reinado. ¡Las naciones cantarán de alegría y nos regocijaremos con ellas!

ORACIÓN: Poderoso Señor resucitado y reinante, anhelamos el día de tu regreso. Hasta entonces, nos regocijamos en tu sabio y justo gobierno. Amén.

Por: Dra. Carol Geisler


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