Pasión por la verdad

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El evangelio es precioso porque le costó todo a Dios y nada a nosotros.

“Aquel que en otro tiempo nos perseguía, ahora predica la fe que en otro tiempo asolaba” – Gálatas 1:23

No había iglesias en Galacia hasta que llegó Pablo a predicar y hacer discípulos, probablemente durante su primer viaje misionero (Hechos 13:1-14:28). Poco después que Pablo plantara las iglesias, estas cayeron bajo maestros falsos. Estos falsos maestros, llamados “Judaizantes”, le decían a la iglesia que para poder ser cristianos “reales” básicamente tenían que volverse judíos. Este era un evangelio falso porque estaban enseñando que la salvación venía a través de las obras además de la obra de Jesús.

Cuando Pablo se da cuenta de esto, se asombra. ¿Cómo es posible que los gálatas tan rápido cayeran es este “otro Evangelio” (Gálatas 1:6)? ¿Cómo podían darle la espalda a la manera que habían sido enseñados por Pablo a través de la dirección del Espíritu Santo?

Pablo no podía quedarse callado. Él se preocupaba seriamente por estos hermanos y aún más por la verdad, así que tenía que corregirles en amor pero firmemente.

“Pablo amaba las almas de los hombres, y el tolerar el veneno spiritual es ayudar e instigar el asesinato de almas.” ~ Charles Spurgeon

Parece que en este punto algunas personas estaban cuestionando la autoridad de Pablo, así que él rápidamente les recuerda que la verdad que él recibió no venía de hombres, sino de Cristo mismo (1:12).

Él le dijo a los Gálatas algo como esto: ¿Quieren saber si estoy diciendo la verdad; que si soy un Apóstol? Entonces vean lo que antes fui y lo que soy ahora. ¡Una vez fui un acérrimo Judío-fariseo! Yo era implacable en la defensa de las costumbres y creencias judías hasta el punto de asesinato. Entonces Cristo se reveló a mí y fue sólo a través de las obras de Dios que un hombre como yo, que en otro tiempo tuvo una gran alegría en la persecución de la iglesia, ahora estaría dispuesto a arriesgar la vida y comodidad, para enseñar el mensaje que antes estaba tan puesto en contra.

Él quería que entendieran que él no estaba repitiendo una doctrina de algún hombre, pero lo que él estaba enseñándoles vino a Él en una manera sobrenatural de parte de Dios. Él era el último apóstol real.

Hay tres implicaciones aquí que son importantes para nosotros:

1 – El evangelio que predicamos debe estar protegido de los falsos maestros. Es muy importante que tengamos cuidado y seamos precisos con la manera que hablamos acerca de las obras de Cristo a nuestro a favor y la salvación que recibimos. No somos salvos por una oración. No somos salvos por lo generosos que somos o por la claridad de nuestro discurso. Dios no nos acepta por lo seguido que leemos la Biblia, o nuestra posición política, o por nuestra asistencia a la iglesia.

La salvación viene solo a través de la fe en Cristo y esto también es un don de Dios para que nadie se gloríe.

2 – Nadie puede equivocarse tanto que Dios no pueda salvarlo. Mira la vida de Pablo antes de su conversión. Él era un hombre temido, estaba lleno de odio, se creía autosuficiente y era un homicida – todo en nombre de la religión. Y a pesar de poseer tal profunda ceguera de pecado, Dios lo alcanzó, le dio fe, cambió su corazón y lo usó no solo como un gran misionero y fundador de iglesias, sino también como alguien que escribiría la mayoría del Nuevo Testamento. Eso es la gracia maravillosa y esta misma gracia puede trabajar en nuestras vidas también.

3 – Cualquiera de nosotros tenemos el potencial de ser atraídos por falsos maestros. Tan fuerte como te crees que eres, y sólido como tu fe es, cualquiera puede llegar a ser confundido y empezar a vagar lejos de la verdad. No seamos tan orgullosos como para creer que tal pecado está más allá de nosotros. Debemos ser un pueblo de la Palabra que examina no sólo lo que está siendo enseñado por otros, sino también lo que creemos en nuestros propios corazones.

El evangelio es precioso porque le costó todo a Dios y nada a nosotros. También es preciado porque es poderoso. Trae el perdón que no podemos ganarnos, cambios que no podemos hacer y aceptación por Dios que desesperadamente necesitamos. Por eso es que Pablo era tan apasionado de preservar la integridad y la verdad del evangelio.

Oremos por esta clase de pasión en nuestras vidas.

Por: Jen Thorn

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