¿Para quién está viviendo?

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Solo hay dos opciones, y Jesús lo dejó claro en una de sus más famosas parábolas.

Hoy quiero que regresemos a Lucas 12, pero esta vez vamos a enfocarnos en los versículos 16–19:

"Entonces les contó esta parábola: ―El terreno de un hombre rico le produjo una buena cosecha. Así que se puso a pensar: '¿Qué voy a hacer? No tengo dónde almacenar mi cosecha'. Por fin dijo: 'Ya sé lo que voy a hacer: derribaré mis graneros y construiré otros más grandes, donde pueda almacenar todo mi grano y mis bienes. Y diré: Alma mía, ya tienes bastantes cosas buenas guardadas para muchos años. Descansa, come, bebe y goza de la vida'."

¡Este individuo es un clásico! Mientras era rico, solamente era rico para sí mismo. No tenía ni el más mínimo interés en ser rico para el Reino de Dios. Estaba cegado por su egocentrismo.

De hecho, en las pocas veces que este individuo habla, en los versículos 17, 18 y 19, siempre habla en primera persona. Dice: “Haré, derribaré, edificaré, almacenaré, diré a mi alma”. ¡Bastante egoísta!

Sí, su tierra había producido una gran cosecha pero, ¿quién había provisto para la tierra fértil? ¿Quién dio la lluvia? ¿Quién dio el sol? ¿Quién le dio salud? ¿Quién le dio la capacidad de pensar y planear? De hecho, ¿quién le dio su alma?

En Ezequiel 18:4 Dios dice: “Todas las almas son mías” (RVR1995).

Este hombre dejó a Dios fuera de sus planes. Todo lo que hizo, lo hizo para sí mismo. Y Dios le dijo que era un necio. El mismo día en que hizo alarde de sus posesiones, ese mismo día se le requirió su alma.

En vez de una granero, tuvo un entierro. En vez de una vida de lujo, tuvo que presentarse delante de Dios y rendirle cuentas por su vida.

 

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