Pacificador

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Dios nos pidió ser canales de reconciliación entre las personas, aunque muchas veces hacerlo traiga un costo.

Cuando Jesús vio a la multitud, subió al monte y se sentó. Entonces sus discípulos se le acercaron, y él comenzó a enseñarles diciendo: “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios”. – Mateo 5:1-2, 9

Ser pacificador no es fácil. Uno puede ser atacado de ambas partes. Por eso me preocupo cada vez que mi esposo, que es pastor, interviene en un conflicto familiar, especialmente si la familia a la que intenta ayudar ha tenido anteriormente problemas de violencia. Por lo general él los calma, pero no siempre. En una ocasión terminó cojeando por semanas.

Aun cuando la violencia física no sea una preocupación, igual se paga un precio al intentar ayudar a hacer las paces en un conflicto. Se pasa una gran cantidad de tiempo escuchando las quejas de ambas partes. Es posible que haya que lidiar con celos, ya que una persona puede pensar que uno tiene favoritos y que en realidad no quiere lo mejor para todos. Y ninguna de las partes estará realmente feliz con uno en ningún momento, a menos que realmente se logre conseguir una paz real y duradera.

¿Y la recompensa? Según Jesús, la recompensa es el ser reconocido como "hijo de Dios". Esta es una frase bastante común, pero muy cierta. Porque significa que uno tiene un parecido familiar con Jesús. Él también vino a traer paz a una relación conflictiva. Él vino para reconciliar a la humanidad con Dios. Él vino a hacer lo que fuera necesario para llevarnos de regreso a Dios, ya no como enemigos, sino como hijos amados de Dios. Esa paz era su meta.

Y por esa paz pagó el precio. Lo pagó bajando del cielo para nacer en una familia pobre en una nación conquistada. Lo pagaba todos los días mientras caminaba por esta tierra amando a las personas que lo rodeaban, sirviendo, sanando, enseñando y cuidando de ellos, sabiendo todo el tiempo que su tiempo era corto. Pronto iría a la cruz. Pronto llegaría la lucha final, el conflicto con los poderes del mal que terminaría con su propia muerte y con la victoria de su resurrección.

Jesús conoce el precio de ser un pacificador. Él lleva las cicatrices de esa obra en sus manos y sus pies. Y las lleva con alegría, porque esas son las señales de que ha ganado. Él nos ha traído la paz. Nos ha reconciliado con Dios. Ahora somos bendecidos, y él también. ¡Cuánto nos ama!

ORACIÓN: Señor Jesús, gracias por ser nuestro pacificador. Úsame para traer paz a quienes me rodean. Amén.

Para reflexionar

1. ¿Qué puedes hacer hoy para llevar paz a quienes te rodean?

2. Escribe o haz una oración por las personas involucradas en un conflicto, pidiéndole al Señor que intervenga y que, si lo considera prudente, te use.

Por: Dra. Kari Vo

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