Ora por él

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La primera responsabilidad que tienes con el hombre que Dios tiene para tu vida es orar por él, especialmente si no sabes quién es.

“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias” – Filipenses 4:6

Es algo que hacemos sin darnos cuenta, pero ponemos de manifiesto la necesidad que tenemos de sentirnos amadas por alguien especial. Pensamos en un príncipe que nos venga a rescatar, hablamos de alguien que nos gusta con nuestras amigas y, queramos o no, será el tema de nuestras conversaciones, risas, charlas sin fin y el tema de preocupación de cada una.

Este no puede ser un tema que nos avergüence, porque Dios nos hizo de esta manera, puso en nosotras una necesidad interior de sentirnos fuertemente amadas, queremos que nos enamoren. ¿No es así? Dios conoce esa necesidad, Él mismo la colocó allí, con un propósito.

Si haces una autoevaluación, te encontrarás con un afán que batalla en tu mente, pensamientos te atacarán queriendo tener a alguien cerca de ti. Puedes llegar a sentir que esa necesidad debe ser satisfecha lo más rápido posible, y si hay un chico que te atrae comenzarás a emocionarte diciendo: “¡Es él; Dios mío, es él!”

Sin embargo, el afán puede llevarnos a cometer locuras; por eso Pablo aconseja a los filipenses a guardar la calma. No es necesario que te afanes, no te dejes llevar por las emociones del momento. Créeme, yo no soy la excepción, también asaltan a mi mente pensamientos de desesperación, he pensado hasta en colocar un anuncio en el periódico diciendo: Se busca novio.

¿Puedes percibir el peligro de darle rienda suelta al afán y la desesperación? En el momento que dejas que las emociones te controlen, puedes cometer errores, declararte al chico equivocado, o terminar llorando algo que no querías para ti misma.

Por eso es importante seguir el consejo que Pablo ofrece en su carta. No te afanes; en cambio, centra tus pensamientos en Cristo. Háblale a Dios acerca de tu petición; Él conoce tu necesidad y puedes confiar en que Él te dará un verdadero hombre como un regalo para atesorar.

Ahora, el que Dios te regale un novio no es solamente para sentirte feliz, para que te diga cosas bonitas, te regale flores o pasar el mejor momento de tu vida. Si Dios pone a un hombre en tu camino, lo hace con el fin de unirlos en amor para establecer un hogar en el cuál tú, como mujer, debes cumplir con el llamado que Dios te hace de ser amiga, novia y esposa que ayude, cuide, sostenga, e impulse a ese varón. Debes entonces ser fuerte y tener la suficiente madurez para ayudarlo a avanzar.

Mientras escribía en mi diario hace algunos años atrás sobre el tema, surgió una bella frase que me retó a mí misma. Tuve que reflexionar sobre ella y hacerla mucho más propia. Esta vez decidí compartirla contigo:

“Orar por él es una manera de asegurarme que estoy dispuesta a enfrentar desafíos y responsabilidades”.

Dije: “si no puedo con esto ahora, no podre con un noviazgo y matrimonio en el futuro.” Me propuse orar por esa persona especial; no lo conozco, no sé cómo es, pero oro por él. Si puedo ser constante en mi oración por él, estoy segura de que esa será mi fortaleza para orar el día de mañana, cuando lo tenga a mi lado y vengan las tormentas.

Si no eres capaz de orar por esa persona especial, ponerla desde ahora en manos de Dios y sostenerlo en oración, créeme que no estarás lista para verlo llegar. Ya que una relación es un compromiso, y un compromiso demanda responsabilidades, debes asegúrate de comenzar a cumplir tu primera responsabilidad para con ese gran hombre: orar por él.

Orar aunque no lo conozcas es una manera de ser fiel, de guardarte pura para una sola persona, porque sabes que aunque no lo veas lo estás esperando, y no te afanas porque confías. Orar con un corazón agradecido te permite descansar en Dios, porque sabes que tus oraciones no son vanas, están siendo acumuladas en el cielo y actuando sobre tu hombre ahora mismo. Sí, puedes influir en él ahora mismo con tus oraciones a Dios.

Inclúyelo en tu diario de oración, ora por su carácter, por su relación con Dios, ora por su familia, ora por sus debilidades; aunque no sepas nada sobre él, ora por él. Cuando sea el tiempo, Dios te avisará y de la manera más hermosa te dirá: “te presento a la persona de tus oraciones”.

Si ya estás comprometida con alguien, ¿oras por él? ¿Es mayor el tiempo que pasas con tu chico que con Dios? Revisa tus prioridades y recuerda que la relación con tu novio no es el fin último, tú relación con Cristo sí lo es.

Por Angélica Jiménez

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