Nuevo nombre

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La misericordia de Dios, la cual es nueva cada día, no sólo cambia nuestras circunstancias sino nuestra identidad.

"Entonces Dios dijo a Abraham: A Sarai, tu mujer, no la llamarás Sarai, sino que Sara será su nombre. Y la bendeciré, y de cierto te daré un hijo por medio de ella. La bendeciré y será madre de naciones; reyes de pueblos vendrán de ella.” – Génesis 17:15-16

El quebranto llego a la vida de Sara, la esposa de Abraham. Este era un matrimonio de edad avanzada. La historia que relata Génesis nos indica que Sara era una mujer que no podía tener hijos, una mujer infértil.

Te comparto la siguiente definición de infertilidad: Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la infertilidad es "una enfermedad del aparato reproductor definida por la imposibilidad de lograr un embarazo clínico después de 12 meses o más de relaciones sexuales sin protección regular".

Imagina por un momento lo difícil que sería vivir una situación así; Sara lo sabía muy bien. Ante esos momentos de intentar y no lograr nada, imagino la desesperación, tristeza y desilusión que experimentaba como mujer.

Cuando esos momentos difíciles llegan a nuestra puerta queremos, como Sara, darle una “ayudadita” a Dios haciendo las cosas a nuestra manera, pues en su desesperación ella convenció a su esposo para que tuviera un hijo con su criada Agar. Sin embargo, se nos revela un Dios de misericordia y de segundas oportunidades al decirle a Abraham que ya no llame más Sarai a su mujer, sino que Sara será su nuevo nombre, porque le bendecirá no solo con un hijo sino que será madre de naciones.

Génesis 18:12-14 nos dice: 

“Y Sara se rio para sus adentros, diciendo: ¿Tendré placer después de haber envejecido, siendo también viejo mi señor? Y el SEÑOR dijo a Abraham: ¿Por qué se rio Sara, diciendo: "¿Concebiré en verdad siendo yo tan vieja?" ¿Hay algo demasiado difícil para el SEÑOR? Volveré a ti al tiempo señalado, por este tiempo el año próximo, y Sara tendrá un hijo.”

Sin embargo, cuando Sara escucha esto le ocasiona risa, tal vez por nervios, incredulidad o de verdad le parecía algo imposible, pues ella estaba viendo con los ojos naturales, analizando la situación solo con la cabeza fría.

Y como alguna vez lo hemos hecho nosotras, en lugar de dar gracias a Dios y empezar a declarar lo que nos están compartiendo empezamos a dudar y a cuestionar. Sara se preguntaba ¿Será acaso que podré quedar embarazada a pesar de mi edad? Te confieso con vergüenza que en ocasiones así he cuestionado yo a Dios. 

Aun así me reconforta tanto la respuesta de Dios, ya que responde con otra pregunta como sorprendido: “¿Será que hay algo difícil para mí?”

Te recuerdo lo que dice un canto: “Nada es difícil para Dios, todo es posible al que cree, hoy las montañas por la Fe se moverán por su poder.”

Cambiemos de actitud, ya no queriendo dar “ayudaditas” a Dios. Renovemos nuestra mente, ya no cuestionando. Y activemos la fe declarando lo que no es como si ya fuera, confiando en Dios dando pasos, haciendo cambios y tomando pequeñas decisiones. Dios se encargará de poner el piso para que sigamos avanzando en este caminar con Jesús.

Por Kary de Zavala

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