¡No tienes que ser perfecta!

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Dios nos conoce, Él sabe cuáles son nuestras capacidades y limitaciones, y es tan grande Su amor por nosotras que cada día nos va capacitando.

"Y Él me ha dicho: Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, muy gustosamente me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí", 2 Corintios 12:9

Muchas veces pasamos la vida con etiquetas que nos coloca la sociedad, o nuestro entorno familiar, de trabajo, iglesias y aún nosotras mismas.  A menudo nos centramos más en nuestras limitaciones que en las áreas donde Dios nos ha dado talentos.

Personalmente, me he enfocado en lo que no puedo hacer, comparándome con otras personas que son brillantes en mis áreas de debilidad como por ejemplo la cocina, las actividades manuales, la facilidad para entablar una conversación con otros, la atención a los detalles; al compararme me veo inferior a estas personas y siento un gran temor o incapacidad para hacer tales cosas.

La inseguridad toca nuestra puerta y nos incapacita de tal forma, que quedamos inmóviles y no nos involucramos en la obra a la que Él nos llama, nos limitamos al momento de servir a los demás, o dar nuestro tiempo en algún ministerio, entendemos que tenemos que ser perfectas, que debemos tener mejor cualificaciones, que no estamos preparadas, que no somos aptas ni capaces, que todo saldrá mal.

La realidad es que no tenemos que ser perfectas, lo que sí debemos es estar en plena comunión con nuestro Dios, en oración presentarnos tal cual somos y estar dispuestas a ser usadas de la manera que Él lo decida, siendo obedientes a Su Palabra y al llamado personal.  Dios nos capacitó con talentos que debemos usar para Su obra, por medio de los cuales podemos servir en nuestra iglesia local, en los ministerios, a nuestros hermanos de manera individual, en nuestros hogares, y así  impactar a las personas con quienes compartimos el día a día.

Es Su gracia en nosotras que nos llevará a guiar a otros al conocimiento de Su Palabra, a consolar, discipular, alentar, servir en nuestra iglesia local o en algún ministerio.  Dios nos conoce, Él sabe cuáles son nuestras capacidades y limitaciones, y es tan grande Su amor por nosotras que cada día nos irá capacitando para la obra que hará a través nuestro, lo que finalmente repercutirá en la gloria de nuestro Salvador.

“Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”,  2 Corintios 12:10

¡Sí Señor quiero ser usada por Ti!

Por Ruth Mota-Bodden

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