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No tengas miedo (Parte 25)

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Cuando Jesús murió por nosotros, quitó para siempre el aguijón.

Jesús fue antes; estaré bien

San Pablo escribió en 1 Corintios que el verdadero aguijón de la muerte es nuestro pecado. La mortalidad humana no es bella, es parte de la maldición divina sobre la maldad humana. Hacemos bien en respetarla y entenderla.

Pero no tenemos que tenerle miedo. La razón para esa confianza es que nuestro Salvador divino y humano, Jesucristo, asumió la humanidad con el fin de experimentar plenamente cada uno de los aspectos de la vida humana, incluida la experiencia de la muerte. Él ya pasó por el proceso de ver que la vida se le iba.

Cuando Jesús sufrió así la muerte por nosotros, le quitó para siempre el aguijón. “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores. . . Mas él fue herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados. Por darnos la paz, cayó sobre él el castigo, y por sus llagas fuimos nosotros curados” (Isaías 53:4,5).

Eso significa que la muerte no es el comienzo del fin de todas las cosas; es el comienzo del comienzo de todas las cosas. La muerte no significa la pérdida de todas las cosas, sino la ganancia de todas las cosas. Por la muerte de Jesús se le ha otorgado a usted el perdón de los pecados, un veredicto de “no culpable” en el tribunal de Dios, y la paz con Dios para siempre.

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