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¡No te desalientes…!

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El desánimo es como un círculo vicioso, se retroalimenta a sí mismo y no arregla jamás la situación.

Proseguimos con nuestro estudio sobre Josué 1:9, con el objetivo de convertirnos en las personas fuertes y valientes que Dios quiere que seamos.

“Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas” (Josué 1:9).

“ni desmayes…”

Abraham Lincoln dijo: “Si no te dejas invadir por el desánimo, puedes estar seguro de que lograrás lo que te propongas”.

En ocasiones nuestro ánimo desmaya frente a las circunstancias de la vida, especialmente aquellas que más nos afectan. Recuerdo un hombre que había experimentado un gran problema en su trabajo y, ante esa situación, optó por darse a la bebida, lo cual le condujo a desarrollar una grave enfermedad del hígado. Esa enfermedad tuvo consecuencias mucho más graves que las dificultades que estaba experimentando en su trabajo.

El desánimo es como un círculo vicioso, se retroalimenta a sí mismo y no arregla jamás la situación.

Josué podía tener buenas razones para tener miedo y sentirse desanimado: estaba en un país nuevo, con un pueblo rebelde y muy numeroso, y rodeado de enemigos poderosos… Pero Dios le animó y le vino a decir algo como: “No te desanimes. Si te dejas abatir, si tienes tu ánimo por los suelos, ya estás vencido de antemano. Debes retomar ánimo. Debes fortalecerte. Yo estoy contigo y, junto a mí, tú eres capaz de todo”.

Dios te lo vuelve a decir: “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia” (Isaías 41:10).

El desánimo pasajero es como un virus; el desánimo permanente es como un cáncer. ¡El primero es más sencillo de curar!

Si sientes que el desánimo te acecha y que tu ánimo desmaya, no dejes que el miedo tome las riendas de tu vida. Fija tu mirada en Jesús:

“Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar” (Hebreos 12:2-3).

Querido(a) amigo(a), Jesús sufrió para que no tengas que sufrir tú. Lo declaro en este día: ¡no tienes motivos para desanimarte! Si el desánimo se ha instalado en ti desde hace mucho tiempo, busca ayuda en tu entorno y deja a Dios aliviar tus heridas día a día. ¡Eres más que vencedor(a) en Él!

Gracias por existir. 

Eric Célérier

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