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No para la venta

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El poder y las bendiciones de Dios no se pueden comprar, Él las ofrece libremente.

“Y aun Simón mismo creyó; y después de bautizarse, continuó con Felipe, y estaba atónito al ver las señales y los grandes milagros que se hacían”, Hechos 8:13

Simón, un mago durante el tiempo del apóstol Pedro, creyó en el Señor Jesús y, después de ser bautizado, se fue con Felipe. Se dio cuenta de que el Espíritu era conferido por la imposición de manos por parte de los apóstoles.

Cuando Simón ofreció dinero para recibir esta autoridad, Pedro respondió diciendo: "Que tu plata perezca contigo, porque pensaste que podías obtener el don de Dios con dinero. No tienes parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios" (Hechos 8:20-21).

Fue una cosa terrible que Simón tratase de comprar el poder de Dios con dinero. Sin embargo, debemos darnos cuenta de una cosa sobre él: Reconoció el valor del poder de Dios y estaba dispuesto a gastar su dinero para conseguirlo. Con demasiada frecuencia los cristianos no valoran el poder de Dios en lo absoluto y gastan su dinero en el poder del mundo.

El poder de Dios no está en venta; Él lo ofrece libremente. El Señor no nos negará Su poder cuando nos entregamos por completo a Él.

El apóstol Pablo escribió acerca de su deseo: "Y conocerle a Él, el poder de su resurrección y la participación en sus padecimientos, llegando a ser como Él en su muerte" (Filipenses 3:10).


Lectura Bíblica Diaria

Miqueas

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