No os afanéis

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Dios nos manda a no estar inquietos en relación con tres cosas que producen mucha intranquilidad en el mundo de hoy.

“Por tanto, os digo: No os afanéis…”, Mateo 6:25

Cuando en la Biblia se repite tres veces un nombre o una frase, se está haciendo un llamamiento de advertencia al lector para que preste atención a lo que lee. Este es el caso de las palabras del Señor “no os afanéis” que aparecen tres veces en esta parte del llamado Sermón del Monte. Por tanto, hay una enseñanza importante a la que debemos atender. Él nos manda a no estar inquietos en relación con tres cosas que producen mucha intranquilidad en el mundo de hoy.

Primeramente, “no os inquietéis por vuestra vida”. El Señor no prohíbe la sana ocupación de atender a lo básico de cada día, lo que prohíbe es la preocupación afanosa que conduce a la angustia vital. La expresión es semejante a “no tengáis angustia acerca de vuestra vida”. La ansiedad priva del gozo y produce turbación de espíritu. La vida es lo de máximo valor en la tierra, pero el creyente sabe que la suya está en la mano de Dios, por eso nadie que cree debiera afanarse por esto.

El apóstol da la solución contra la inquietud: “echando vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros” (1 Pedro 5:7). En medio de las circunstancias adversas, Satanás procurará distorsionar nuestra visión para hacernos olvidar que las pruebas son una concesión de la gracia para afirmar nuestra fe. Es necesario recordar que en cualquier situación la seguridad es cierta: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19).

Otras veces la inquietud estará relacionada con la provisión: “¿Qué comeremos, o que beberemos, o qué vestiremos?” (v. 31). El Señor insiste en la necesidad de descansar confiadamente en Él: “No os afanéis”. Si Él se ocupa de proveer para las  aves y de vestir a las flores, lo hará mucho más con quienes somos Sus hijos. Como Padre dará buenas dádivas a los suyos. En lugar de inquietarnos por lo que afecta nuestro entorno, levantemos nuestros ojos al cielo de donde procede todo don perfecto y toda buena dádiva, enviada por Él que hace siempre honor a Sus promesas (Santiago 1:17). Recordemos siempre que Dios es fiel.

El Señor advierte sobre un tercer motivo que puede preocuparnos: “No os afanéis por el día de mañana” (v. 34). El futuro no es seguro desde el punto de vista humano. Sin embargo, yo no debo tener inquietud porque Dios me lo ha revelado: “Vendré otra vez… os tomaré a mí mismo… y entonces estaremos siempre con el Señor”. ¿Cómo podré inquietarme si El Señor se ocupará eternamente de mí? ¿Cómo afanarme por lo que viene si sé que “en Su mano están mis tiempos”? (Salmo 31:15).

Dios es misericordioso, y sus misericordias son nuevas cada mañana; es decir, no hay ninguna mañana en mi vida en que no se manifiesten las misericordias de Dios (Lamentaciones 3:24-26). Todavía más, el Señor me dice que inquietarme por el mañana es una inconsecuencia, porque no debo añadir a la carga propia del día en que vivo la que pudiera ocurrir en el futuro. Cuando me afano por el futuro quedo sin fuerzas para afrontar las dificultades del presente.

Debo entender bien esta triple advertencia del Señor y saber que “el que confía en Él le rodea la misericordia” (Salmo 32:10).

Oración: Oh Dios, que la gracia llene mi vida y quite de mí todo afán, permitiéndome la bendición de descansar en ti. En el nombre de Cristo, amén.

Por Samuel Pérez Millos 

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