¡No le pises los pies… déjalo que lidere!

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Como en el baile, en donde los roles están bien definidos, en el matrimonio el papel del esposo y la esposa también están claramente determinados por la Palabra de Dios.

Hace unos días recordaba que en una ocasión a mi hermano mayor le buscaron una profesora de baile porque lo habían escogido para ser el chambelán de una joven que cumplía 15 años y él, como parte de su función, debía bailar un vals con ella.

Yo, como hermana menor curiosa, siempre estaba presente cuando la profesora se presentaba a nuestro hogar a impartir las clases. Me fascinaba escucharla repetir constantemente “uno, dos, tres”, mientras marcaba los pasos a ritmo de la música.

Recuerdo que impartiendo las clases le insistía, con voz firme, que para aprender debía dejarse liderar por ella como profesora, porque de lo contrario, si ambos intentaban liderar, sus pies iban a chocar y lucirían muy mal. Viene a mi memoria cuando le dijo con mucha propiedad que él debía ser el líder, ya que era una regla fundamental que en el baile el hombre dirija y la mujer lo siga.

Este ejemplo me hizo ver tan claramente cuán mal lucimos las mujeres casadas cuando insistimos en liderar conjuntamente con nuestros esposos. Evidentemente, al igual que ocurre con el baile, tropezaremos el uno con el otro y tendremos un resultado desastroso. Así como en el baile los roles están bien definidos, de igual manera en el matrimonio los roles están muy claramente definidos por la Palabra de Dios. En cuanto a nosotras, Dios nos da los siguientes mandatos:

  • Efesios 5:22: “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor”.
  • 1 Pedro 3:1: “Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos, para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas”.

Dios nos ha dado el poder para obedecer sus mandatos. Definitivamente si obedecemos Su Palabra, tendremos el poder que necesitamos para cumplir Su voluntad. Él no nos pide hacer algo para lo cual no nos haya equipado. Cuando nos rendimos, Él cumplirá Su voluntad en y a través de nosotras.

Cuánto he aprendido en mí caminar con el Señor y a través de Su Palabra sobre cómo honrarlo a través de mi matrimonio. Y a pesar de que no siempre ha sido fácil, porque definitivamente no es en mis fuerzas sino en las suyas, he podido obedecerlo dándole a Él toda la gloria.

He experimentado que cada una de las circunstancias en las cuales Él nos pide someternos, requiere entrega de nuestra parte. Y además, que no necesariamente será fácil ni tampoco lucirá conveniente, pero cuando vamos a la palabra griega para “someterse/sujetarse”, es “jupotásso” que significa “subordinar”, o en forma deliberada, “obedecer”. Podemos concluir que Dios nos exhorta a nosotras las mujeres a seguir voluntariamente el liderazgo de nuestros maridos.

He entendido que no se nos pide someternos a nuestros maridos porque Dios nos asegure que ellos serán justos o amorosos. Realmente cuando nos sometemos a nuestros maridos nos estamos sometiendo a Dios (Efesios 5:22). Es decir, no nos sometemos a nuestros esposos porque ellos lo merezcan, desde la perspectiva humana, sino que nos sometemos porque sabemos que es agradable al Señor y que Dios estableció al hombre como líder y nosotras tenemos que creer y confiar en Dios, sabiendo que Él es bueno.

He aprendido que someterme a mi esposo no significa que como esposa no pueda tener pensamientos, sentimientos o deseos independientes. Ni que debo seguir los mandatos de mi esposo si son pecaminosos.

He comprendido que tampoco significa que yo sea menos inteligente que mi esposo ni que yo no deba buscar influenciarlo en decisiones familiares.

He reconocido que cuando insistimos en tomar el liderazgo sobre los hombres estamos usurpando el perfecto diseño de Dios en el papel de la relación hombre/mujer así como diciéndole a Dios que no creemos ni confiamos en Su soberanía y en Su bondad.

He reflexionado que la sumisión requiere humildad y mucha oración y confianza en el Espíritu Santo.

Sigo aprendiendo lo que es someterme a mi esposo y siendo intencional en obedecer la Palabra de Dios ya que definitivamente el sometimiento no es algo que brota naturalmente de mí y probablemente de muchas de nosotras por la manera en que crecimos y fuimos educadas.

¿Están tus pies tropezando con los de tu esposo porque no lo estás dejando que te lidere?

Oremos para que Dios siga obrando en nosotras, nos ayude y nos fortalezca en nuestro caminar diario como esposas.

Por Mayra Beltran de Ortiz

 

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