No hay nada que temer

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Nuestro nivel de temor es una indicación de cuánto conocemos a Dios. Nuestro nivel de confianza es directamente proporcional a nuestro nivel de confianza en Él.

“El que calma el rugido de los mares, el estruendo de las olas, y el tumulto de los pueblos", Salmos 65:7

Miedo o temor.  Es una de las batallas más comunes de nosotras las mujeres. Miedo al futuro. Temor de lo que le suceda a nuestros hijos. Temor a las pérdidas financieras. Miedo al dolor.  Miedo al rechazo. Miedo al fracaso. Temor al sufrimiento. Temor a las personas. Temor a la enfermedad. Temor al conflicto. Temor a ser expuestas. Miedo a las relaciones. Miedo a la soledad. Temor de ganar peso. Temor a la vejez. Miedo a los ataques de Satanás. Miedo a la iglesia. Temor por nuestra reputación. Miedo a la muerte.

Al vivir en un mundo caído con personas pecadoras y de condiciones depravadas, enfrentamos múltiples oportunidades cada día para rendirnos ante un temor no sano, paralizante y pecaminoso.  El único temor sano realmente es el asombro respetuoso al que las Escrituras hacen referencia: el "temor al Señor".

¿Cómo podemos enfrentar nuestros temores? ¿Cómo podemos enfrentar la vida con coraje? ¿Cómo podemos responder ante situaciones de temor de una forma que glorifique a Dios? La única manera es estando tan familiarizadas con Su carácter y con Sus caminos que Su perfecto amor logre disipar todo temor.  En otras palabras, la clave para sobreponernos al temor es la confianza. No es una confianza en una solución o en una fórmula, sino una confianza que descansa en el carácter y la fidelidad de Dios.

Nuestro nivel de temor es una indicación de cuánto conocemos a Dios. Nuestro nivel de confianza es directamente proporcional a nuestro nivel de confianza en Él. Y nuestro nivel de confianza en Él aumenta a medida que crece nuestro conocimiento de Él (de Su Nombre, de Su carácter, de Su poder, de Sus acciones a través de la historia, de Su obrar en nuestras propias vidas).

Cuando realmente apreciamos el hecho de que el Salvador que se levantó en un bote abatido por la tormenta para calmar los truenos y el  rugido de los vientos, es el mismo Dios que nos ofrece refugio en medio de nuestras propias tormentas, no temeremos.

Cuando verdaderamente creemos que el Dios todopoderoso que mandó que las aguas del Mar Rojo se abrieran para que Su pueblo lo pudiera atravesar, es el mismo Padre que hoy nos ofrece seguridad en medio de los ataques del enemigo, no temeremos.

Cuando creemos que Dios es digno de nuestra confianza, que Él no miente, que Él es fiel, que Él tiene todo el poder y que lo único que Él elige es lo que es bueno y correcto, sabremos que mientras confiemos en Él, no tenemos por qué temer.

Tómate un tiempo para reflexionar

Mientras preparas tu corazón para escuchar de Dios, el enemigo seguramente tratará de distraerte, desanimarte o desviarte. En lugar de responder con temor, clama con confianza a Aquél que guarda tu alma. Hoy medita en el Salmo 27.

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