No desperdicies tu infertilidad

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Basada en su propia experiencia, Courtney Reissig nos comparte lo que aprendió de Dios y de ella misma mientras que esperaba por un milagro.

Han pasado unos años desde que me enteré que nuestra lucha con la infertilidad podría requerir más tratamiento para lograr el embarazo. Aunque ahora soy la madre de dos niños gemelos, el día que escuché la dura noticia sigue vivo en mi memoria. Pocas cosas son peores que despertar de una cirugía y escuchar las palabras: "Era peor de lo que el doctor pensó. Usted necesitará más tratamiento". Entré a la cirugía esperanzada y salí sintiéndome como si me hubieran golpeado en el estómago (física y emocionalmente).

No fue así como lo planeamos. Esto no era lo que queríamos. Y este diagnóstico prolongaba, ratificaba, que no solamente éramos una pareja que nuevamente tenía dificultades en que yo quedara embarazada. Éramos infértiles, al menos por el momento.

Me gustaría poder decir que mi respuesta a esta noticia siempre fue como la de Cristo —admirable. No lo fue. Pero a través de esta prueba, Dios me enseñó algunas cosas específicas acerca de Su carácter, de mi depravación y de Su bondad en todas las cosas. Yo creo que Dios fue absolutamente Soberano con relación a mi infertilidad de la misma manera en que creo que Él fue Soberano sobre mis abortos involuntarios. No fue una sorpresa para Él. De hecho, todo fue diseñado por Él para mi bien y Él no quiere que desperdicie este sufrimiento.

A continuación te presento algunas cosas que he aprendido acerca de no desperdiciar la infertilidad. Es un poco exhaustiva, pero es un comienzo. Si estás luchando con la infertilidad, también oro que Dios lo use para animarte mientras caminamos juntas.

No desperdiciar tu infertilidad comienza con una profunda y permanente confianza en el Dios que conoce el fin de tu infertilidad.

Él conoce el final de la misma, porque Él te la dio (Génesis 50:20; Job 2:10; Salmo 88:6-7). Pero también Él conoce el final ya que verdaderamente sólo Él puede sanar tu cuerpo y darte un bebé. Conoce Su Palabra. Estúdiala. Consúmela. Es allí donde verás y conocerás más profundamente a Dios. Encontrarás que Él es bueno todo el tiempo, que Él te ama más de lo que sabes y que Él quiere darte un mayor conocimiento de Sí mismo a través de esta prueba devastadora. En Su Palabra encontrarás consuelo para tu alma. No desperdiciar tu infertilidad es luchar constantemente para ver la bondad de Dios, pero vale la pena librar esa lucha.

No desperdiciar tu infertilidad significa que adorarás incluso cuando tu corazón se está rompiendo.

John Piper dice que una "vida sin desperdicios es la que exhibe continuamente a Cristo". Eso es adoración, dar al nombre de Dios la gloria debida. Adoración significa valorar a Cristo por encima de todas las cosas, incluso por encima de un bebé.

Según los dos puntos anteriores, no desperdiciar tu infertilidad significa orar valientemente.

Solo cuando confiamos en Dios como el Creador de todo—suficiente, sanador, sustentador y buen Dios, es cuando podemos adorarle y orar con valentía. Conocer a Dios nos permite orarle con la confianza de que Él puede y va a actuar a favor de nuestros mejores intereses.

La infertilidad es una enfermedad de los desvalidos. Tú no puedes cambiar tu condición. No puedes hacer que aparezcan dos líneas azules en una prueba de embarazo en lugar de una. Pero Dios sí puede. Tu experiencia de ser totalmente impotente para cambiar tu circunstancia te pone en comunión con muchos personajes bíblicos. Ora como el Rey David en los Salmos (Sal 27, 28, 30, 56, 62 y muchos otros). Él se enfrentó a grandes dificultades y tribulaciones. Sus oraciones fueron honestas, audaces y de adoración porque confiaba en que Dios sería su esperanza y salvación.

No desperdiciar tu infertilidad no significa que no te lamentes ni sientas dolor.

Esto puede parecer extraño, especialmente cuando declaraciones como "no desperdicies este tiempo" son el punto principal del mensaje. Pero la vida no desperdiciada no es la vida triunfalista. 

El apóstol Pablo describió con precisión el caminar por esta vida como, “entristecidos, mas siempre gozosos" (2 Co. 6:10). Eso se aplica a la infertilidad también. Estamos tristes porque es devastador, doloroso y a veces definitivo. Pero nos regocijamos porque tenemos esperanza de que esto no es todo lo que hay. No significa que estemos contentas con nuestras circunstancias. No hay nada de felicidad en no poder quedar embarazada. ¡Ah!, pero hay un gran Salvador que nos ha dado todo lo que necesitamos a través de Su muerte—incluso consuelo en nuestro dolor.

No desperdiciar tu infertilidad significa llevar tus pensamientos y emociones cautivos a la obediencia de Cristo (2 Corintios 10:5)

La infertilidad trae consigo un campo minado de escenas y preguntas de terror (¿Qué pasa si no puedo quedar embarazada? ¿Qué pasa si aborto de nuevo? ¿Qué pasa si no puedo pagar el tratamiento?). Aquellos pensamientos tienden a traernos emociones, que luego nos producen estrés y preocupación.

La infertilidad, como todo sufrimiento, tiene una manera de ejercer presión sobre nosotras y nuestras relaciones. La infertilidad no trae consigo un manual de cómo tratar a la gente, especialmente a mi esposo. Tampoco nos da licencia para soñar despiertas con la infinidad de “y si…” que vienen con la infertilidad. He aprendido esta dura lección. Dios nos dio emociones y sentimientos reales, pero no son moralmente neutros. Y nuestros maridos son personas reales que a menudo están sufriendo tanto como nosotras.

El concepto de hablar contigo misma, en lugar de escucharte a ti misma, es especialmente útil cuando sientes que tus emociones asumen el control. Pregúntate: "¿Es este sentimiento verdadero?" (Filipenses 4: 8). Recuerda que tienes un fiel y empático Salvador que entiende tus sentimientos. Ese mismo Salvador es capaz de consolarte y cambiar tus sentimientos para Su gloria.

No puse ninguna sugerencia práctica en este artículo, porque he aprendido que la aplicación práctica es a menudo personal —específica. Lo que me ayuda a mantenerme ocupada y el utilizar el tiempo de espera para el bien de los demás, puede que no trabaje para otras personas, y eso es normal. Pero aún más importante, la práctica no puede ocurrir a menos que abracemos a Cristo como nuestro mayor tesoro en el tiempo de infertilidad.

Claro, podemos encontrar maneras de mantenernos ocupadas para alejar nuestra mente del dolor, esas son cosas buenas que podemos hacer (yo lo he hecho). Pero las ocupaciones con la finalidad de alejarnos del sufrimiento no son lo mismo que las ocupaciones con el fin de llenar esta temporada con cosas buenas. Dios ha diseñado el sufrimiento para cincelarnos más a la imagen de Cristo, para acercarnos a Él y para darnos una visión más grande y comprensible de Su gloria. Podríamos perder fácilmente esta perspectiva si llenamos nuestra agenda de cosas con el fin de olvidar.

No conozco el desenlace de mi viaje a la fertilidad. A partir de ahora, sé que en Su bondad me ha dado dos niños gemelos a los cuales amar y cuidar. Ese es un regalo que nunca pensé que iba a recibir. Aunque me encantaría tener más, sólo Él conoce el final de ese anhelo. Yo no sé dónde estás tú, querida lectora. Pero sí sé esto: no importa dónde estemos en el camino de la infertilidad, Dios tiene una lección para nosotras. Sus propósitos son seguros y buenos. Él nos pondrá a prueba; Él nos cincelará, y nos mostrará más de Sí mismo a cada paso del camino. Y después de que Él nos haya tratado, por Su gracia, saldremos como el oro (Job 23:10).

¿Qué te hace aferrarte a Dios en lo inmediato? ¿Cómo estás luchando para creer en Su promesa?

Por Courtney Reissig

 

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