No deberás

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Malentender el propósito de los mandamientos levanta un muro que no permite ver el amor de Dios.

“Todo me está permitido, pero no todo me conviene. Todo me está permitido, pero no permitiré que nada me domine.” – 1 Corintios 6:12

Una vez, alguien le hizo una entrevista a una señora en la calle, preguntándole: ‘¿Cuántos mandamientos hay?’ La señora contestó: ‘Diez’. La siguiente pregunta fue: ‘¿Puede nombrar uno de esos mandamientos?’

La señora pensó por unos momentos, luego titubeó un poco y, finalmente, dijo: ‘No deberás... hacer nada’.

El entrevistador le preguntó: ‘¿Está segura?’ A lo que ella le contestó que sí: ‘No deberás hacer nada’.

Hay muchísimas personas, por cierto personas que no tienen fe en Dios, que piensan que Dios le ha dicho a los cristianos: ‘No deberás hacer nada. No podrás divertirte. No podrás sonreír. No nada.’

¡Qué equivocados que están! El sacrificio del Salvador, su derramamiento de sangre en la cruz del Calvario, fue hecho para liberarnos de nuestro pecado y de las garras de Satanás, y la resurrección de Jesús al tercer día, nos ha liberado de la mismísima muerte.

Es cierto que el hecho que el Hijo de Dios murió para que nosotros tengamos vida eterna es un pensamiento poderoso. Pero aún así, eso no quiere decir que los cristianos debamos ser amargados y tristes. Dios nunca nos ordenó: ‘No deberás hacer nada’.

La razón por la que digo esto es porque recientemente, durante una tormenta de nieve en Londres (algo que rara vez sucede), unos policías fueron reprendidos por haber usado los escudos que utilizan como defensa en disturbios callejeros, para deslizarse en la nieve.

El video tomado por alguien que pasaba por allí muestra a uno de ellos deslizándose por una colina, mientras otro le grita: “Pase lo que pase, sigue sonriendo”.

Aparentemente, las autoridades pusieron objeciones a sus acciones.

Por mi parte, me quedo con la frase: “Pase lo que pase, sigue sonriendo”. Así es. Sigue sonriendo con el Salvador. Suena muchísimo mejor que: ‘No deberás hacer nada.’

ORACIÓN:  Querido Señor, te doy gracias por la gracia del Evangelio que me permite vivir en gratitud por todo lo que has hecho para perdonarme y salvarme. Te pido que envíes tu Espíritu Santo a quienes aún no te conocen, para que puedan ver tu amor, y no solamente tus leyes. En el nombre de Jesús. Amén.

Por: Pastor Ken Klaus

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