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Nada imposible

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No solo debemos creer que Dios puede ayudarnos, sino que también quiere hacerlo.

“Para los hombres es imposible, mas para Dios, no, porque todas las cosas son posibles para Dios”, Marcos 10:27

Los discípulos de Jesús se habían encontrado con un serio problema. El Señor les había confrontado con una dificultad insuperable para los hombres como era la salvación de quien confiaba en las riquezas y no en Dios. La enseñanza habitual en su tiempo era que los que disfrutaban de bienestar personal eran bendecidos por Dios de modo que se agradaba de ellos. Jesús les enseñaba que ningún esfuerzo humano podía alcanzar la salvación de Dios. De ahí la pregunta: “¿Quién podrá ser salvo?” y también la respuesta: “lo que es imposible para los hombres es posible para Dios”.

La enseñanza general no tiene que ver solo con la salvación eterna, sino con el poder de Dios para superar cualquier circunstancia que es insuperable para el hombre. Quien ha creído, puede decir como los compañeros de Daniel: “nuestro Dios a quien servimos puede librarnos…” (Daniel 3:17). Sin embargo, en los momentos de dificultades o en medio de las pruebas, Satanás procurará hacernos dudar de esta verdad.

Vendrá a nosotros para decirnos: “Si Dios tuviera tanto poder, tendría que solucionar esa situación, por tanto, o no puede o no quiere”. La primera es una duda sobre la omnipotencia de Dios. Así ocurrió con el padre del hijo poseído por el demonio quien ante la dificultad dudaba del poder de Jesús; por eso le dijo: “Si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros y ayúdanos” Marcos 9:22. Jesús respondió apelando a la fe del necesitado: “si puedes creer”.  

La duda sobre el poder de Dios se traslada a la realidad de nuestra fe. No es asunto de que Él no pueda, sino de si somos capaces de creer que puede hacerlo. Pero, cuando digamos: “creo que puede”, el tentador vendrá para decirnos luego que el problema está en que Dios no quiere que superes la prueba o que resuelvas tu necesidad.

Esa era la disposición de ánimo del leproso, quien sabía que Jesús podía sanarlo pero dudaba de si quería hacerlo cuando le dijo: “Si quieres, puedes limpiarme” (Marcos 1:40). De otra manera, sé que puedes pero no sé si quieres. Muchas veces, en medio de la prueba y de la aflicción, dudamos del querer de Dios y, en ese momento, ninguna oración que elevemos al trono de la gracia recibirá respuesta, porque hemos de “pedir con fe, no dudando nada” (Santiago 1:6).

El versículo es una advertencia para mí. Debo creer que mi Dios puede y que también quiere. Su deseo es ayudarme en mis debilidades, consolarme en mis lágrimas, alentarme en mi desánimo, sostenerme en mis flaquezas y llevarme en triunfo siempre. Las palabras del leproso debo tomarlas no como una manifestación de duda, sino como la expresión de un hombre que se somete a la voluntad de Dios.

Oración: Señor, hoy voy a tu presencia con mis cargas y con mis problemas y te digo también: Si quieres, puedes librarme. Sé que tienes todo poder en cielos y tierra, que si has llevado sobre tus hombros la carga del mundo, puedes levantar la pequeña carga que supone para ti mis problemas, pero, no sé si es ahora el tiempo de hacerlo o debes mantenerme todavía en ella. Sé que tienes lo mejor para mí y sé que si estoy en aflicción tú estás en el control, mientras me dices: “no temas, yo estoy contigo”. Gracias infinita, amén.

Por Samuel Pérez Millos 

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