Mujeres discipulando a mujeres

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Necesitamos tener personas que nos enseñen y tener otras con las que podamos compartir lo que hemos aprendido.

Hace muchos años escuché que cada persona necesitaba tener en su vida a un Pablo, a un Timoteo y a un Bernabé. Con los años me he dado cuenta de la importancia de esta declaración.

Necesitamos tener en nuestras vidas a personas que nos enseñen, y necesitamos tener otras con las que podamos compartir lo que hemos aprendido. Esto es así no solamente porque es un mandato de Dios, sino porque Dios lo usa para hacernos más vulnerables, transparentes, y humildes. En otras palabras, ¡nos santifica para que podamos ser más como Jesús!

Como vivimos en un mundo caído, necesitamos también de personas que nos alienten. Así lo recuerda 1 Tesalonicenses 5:11, “Por tanto, alentaos los unos a los otros, y edificaos el uno al otro…”. Este alentarnos mutuamente se da en el contexto de las relaciones.

¿Qué es el discipulado?

Para comenzar, podemos decir que el discipulado es una relación en la cual una persona más madura en la fe y conocedora de la Palabra ayuda o guía a otra que está en proceso de crecer.

El discipulado es una relación donde ocurre una transmisión de conocimiento y/o experiencias, y que se da durante un período de tiempo que pudiera ser extendido. Esa relación puede ir desde el evangelismo hasta la rendición de cuentas.


En el contexto de las diversas relaciones, el discipulado puede darse de distintas formas. Podemos ver discipulado en una relación en la que una mujer sirve como guía espiritual para otra por un tiempo limitado, o puede ocurrir también en medio de una situación que requiere atención inmediata. También podemos ver el discipulado que se da entre iguales y el que ocurre de manera indirecta a través de libros o testimonios de diferentes personas que no necesariamente están cerca de nuestras vidas.

El modelo de Tito 2

Como creyentes, todas nosotras fuimos llamadas a hacer discípulos (Mateo 28:19-20), a caminar de cerca con otras mujeres de la manera en la que nos lo enseña Tito: “Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta: no calumniadoras ni esclavas de mucho vino, que enseñen lo bueno, que enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos, a ser prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada” (Tito 2:3-5).

En este pasaje podemos notar que la enseñanza está estrechamente ligada a las acciones. Por esto la mentoría es una relación dinámica, intencional y de confianza, donde una mujer empodera a otra, compartiendo su experiencia con Dios y los recursos que Él le ha dado.

Para que esto pueda darse de manera efectiva, la mentora debe estar involucrada en la vida de la mentoreada. Este tipo de relación de discipulado podemos verlo en las Escrituras en los ejemplos de Moisés y Josué, Elías y Eliseo, Pablo y Bernabé, Noemí y Rut. De manera especial, también la vemos en el trato de Dios con su Iglesia, Jesús y sus discípulos, y en la labor del Espíritu Santo en nosotras (Juan 16:13).

En esta relación de discipulado es importante que recordemos que, en el proceso, ambas partes van siendo enseñadas por Dios. Cada una aprenderá a amar incondicionalmente, a tener paciencia la una con la otra, a tener mansedumbre, a no juzgar, a discernir y a tener dominio propio.

En el modelo que nos presenta Tito 2 encontramos un patrón a seguir (el ser reverentes en conducta), un plan a implementar (para que puedan instruir a las jóvenes), principios que transmitir (amen a sus maridos e hijos, sean prudentes, castas, buenas amas de casa, sujetas a sus maridos) y una perspectiva que mantener (para que Dios no sea blasfemado).

Discipulado Bíblico

Cuando estamos llevando a cabo nuestro llamado de hacer discípulos, debemos recordar que la única forma de vivir una vida fructífera y poder pasar un legado con valor eterno a la próxima generación es siendo mujeres que conocen y caminan en la Palabra. Nuestra meta debe ser llevar a otras mujeres a madurar para que puedan depender de Dios y no de nosotras, y esto requerirá el que podamos poner límites bíblicos en la relación y dependamos completamente de la sabia Palabra de Dios.

Gálatas 6:2 nos enseña lo siguiente: “Llevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo”. La palabra griega usada para cargas (Baros) da una impresión de un problema pesado; algo que la persona no puede llevar sola. Tres líneas más adelante, en Gálatas 6:5, encontramos que nos dice “Porque cada uno llevará su propia carga”. Sin conocer las palabras usadas en el original, esto podía parecer una contradicción, sin embargo la palabra en el original usada aquí es diferente (Fortion), que significa una carga personal; algo que la persona debe ser capaz de sobrellevar. No debemos equivocarnos formando discípulas de nosotras mismas sino que debemos formar discípulas de Cristo.  

Jesús es nuestro máximo ejemplo, a Él es a quién debemos imitar y a quien debemos procurar que aquellas a las que estamos discipulando imiten. Por su obra en la cruz es que es posible que podamos ir siendo transformadas conforme a su imagen, y eso es lo que debemos desear para la vida de otras mujeres.

Busquemos mantenernos firmes en la profesión de nuestra fe, porque fiel es el que prometió, y consideremos el estimularnos unas a otras a las buenas obras en amor (Hebreos 10 23-24).

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