"Muéstranos el Padre"

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¿Quieres saber cómo es Dios y qué piensa de ti? Mira al niño de Belén. Ahí está el Dios encarnado, viniendo a ti.

“Y la Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria (la gloria que corresponde al unigénito del Padre), llena de gracia y de verdad… A Dios nadie lo vio jamás; quien lo ha dado a conocer es el Hijo unigénito, que está en el seno del Padre” – Juan 1:14, 18

“Muéstranos el Padre”, dijo uno de los discípulos de Jesús la noche antes de que él muriera. “Con eso nos basta” (Juan 14:8).

Dejando a un lado la audacia de esta pregunta (no pides mucho, ¿verdad, Felipe?) puedo simpatizar con lo que pidió. No es tan fácil vivir con un Dios invisible. A veces anhelo simplemente “verlo”, deshacerme de la confusión de mi vida de fe, conocerlo de la manera en que él me conoce.

Jesús tiene la respuesta perfecta a esta solicitud: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre… Créanme que yo estoy en el Padre, y que el Padre está en mí” (Juan 14:9b, 11a). Pablo reflexiona sobre estas palabras: “Él es la imagen del Dios invisible” (Colosenses 1:15a).

Eso significa que una de las razones por las cuales Jesús nació entre nosotros es para que podamos ver a Dios; para que, como seres humanos, podamos tocar, ver, y saber cómo es Dios en el contexto de nuestra propia vida (ver 1 Juan 1:1-3). ¿Quieres saber cómo es Dios y qué piensa de ti? Mira al niño de Belén. Ahí está el Dios encarnado, viniendo a ti. Ahí está, no en el poder o en la gloria inalcanzable, sino acostado indefenso en un pesebre hecho para animales.

Pero también mira más allá. Allá está como hombre adulto enseñando pacientemente, sanando y respondiendo preguntas. Allá está brindando el mejor vino para la boda de una pareja, llorando por un amigo que ha muerto, hablando con una mujer de mala reputación como si fuera su igual. Allá está golpeado, torturado, burlado, muriendo. Allá está resucitado de entre los muertos y prometiéndote esa misma vida eterna de forma gratuita, si tan solo lo recibes.

Aquí está Dios, cercano y personal. Ahora podemos conocerlo.

ORACIÓN: Querido Señor, ¡gracias por darte a conocer! En el nombre de Jesús. Amén.

Para reflexionar:

- ¿Cómo llegas a conocer a Dios?

- ¿Qué has aprendido recientemente sobre Dios?

Por: Dra. Kari Vo

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