Modelando el servicio a Cristo ante nuestros hijos

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Liliana Llambés comparte algunas oportunidades para enseñarles a servir a Dios.

Han pasado 21 años desde que nació mi primera hija. Cuando tenía 4 meses mi esposo y yo conocimos al Señor. Había dejado mi profesión para dedicarme a ser madre de tiempo completo y después llegaron mis otros 2 hijos.

Ser madre me ha permitido experimentar el tipo de servicio que Jesús enseñó a Sus discípulos: “Pues ni aun el hijo del hombre vino para que le sirvan, sino para servir a otros y para dar su vida en rescate a muchos” (Marcos 10:45).

Este versículo transformó mi vida y se hizo una prioridad en la enseñanza a mis tres pequeños y el deseo de transmitirle la importancia del servicio al Señor y del amor a los hermanos. Así lo aprendieron a pesar de tener temperamentos y formas de ser muy diferentes.

En nuestro hogar fue donde comenzó el servicio, con tareas tan básicas como ayudar a doblar su ropa, recoger sus juguetes y otras responsabilidades según la etapa de crecimiento.

Si ahora estás educando a tus hijos, a continuación encontrarás algunas oportunidades para enseñarles a servir a Dios. ¡Espero sean de edificación!

1) Oración. “Orad sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17).

Estar en casa mientras cuidaba a mis hijos me permitió ser parte del grupo de oración de la iglesia local. Constantemente me llamaban para interceder por las necesidades de otros.

Fue una excelente oportunidad para que mis hijos aprendieran a interceder todo el tiempo. Nos reuníamos a orar y les enseñaba sobre la voluntad de Dios y Su soberanía.

2) El cuidado de niños. “Ayúdense a llevar los unos las cargas de los otros, y obedezcan de esa manera la ley de Cristo” (Gálatas 6:2).

Cuando mis hijos eran pequeños me involucré en el ministerio del cuidado de niños en la iglesia local y así pude modelarle el servicio a Dios.

Una forma de hacerlo fue pidiéndoles que me ayudaran a recoger juguetes, que me pasaran los pañales, que ayudaran a su mami a abrir la comida para darle a los más pequeños, etc.

Fue precioso para mis hijas pues les enseñaba el llamado que Dios nos hace como mujeres y, al hombrecito, el liderazgo a través de los juegos.

3) Visita a huérfanos, ancianos, pobres. “Y si diera todos mis bienes para dar de comer a los pobres y si entregara mi cuerpo para ser quemado, pero no tengo amor, de nada me aprovecha” (1 Corintios 13:3).

Cuando llevaba la Palabra a los hermanos de mayor edad, mis pequeños me acompañaban. Nos ofrecíamos a recoger a los hermanos que no tenían quién los llevara. Mi hijo con 4 años de edad colocaba una escalera pequeña para que los ancianitos subieran a la camioneta; así les enseñaba el amor a los demás. Mis niñas de 6 y 2 años los saludaban con un lindo abrazo y beso. Muchas veces los llevamos al doctor o les cocinamos.

4) Servicio con los jóvenes. “Sed afectuosos unos con otros con amor fraternal, con honra, daos preferencia unos a otros” (Romanos 12:10).

Dios nos permitió a mí y a mi esposo ser parte del ministerio de jóvenes e integramos a nuestros hijos al equipo de servicio según lo que podían realizar. Por ejemplo, en la iglesia los motivábamos a colocar las sillas, a repartir folletos, a arreglar la mesa para compartir los alimentos. Fueron muy amados dentro del grupo de jóvenes.

5) Servicio en las misiones. “Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mateo 28).

El Señor nos llevó de servir en la iglesia local en Miami, al campo misionero en Bonao, un pueblo en República Dominicana. Llegamos a una pequeña iglesia en un lugar muy pobre, donde los niños asistían solos a la iglesia.

Fue una gran oportunidad de parte de Dios para servir de nuevo como familia. Sara, con 9 años, enseñaba en la escuela dominical y yo dedicaba tiempo para preparar la clase con ella. Charles, con 7 años, se encargaba de los juegos con los pequeños y de los cantos. Y Bianca, con 5, repartía la merienda. Todo esto mientras mi esposo y yo impartíamos clases a adultos y jóvenes.

Con la gracia del Señor comenzamos un coro de niños pobres y nuestros hijos eran parte de lo que Dios estaba haciendo.

Servimos en República Dominicana por 10 años y medio, teniendo la oportunidad de enseñar a nuestros hijos el servicio entre hermanos de diferentes iglesias. Desde muy pequeños, nos apoyaron en el servicio.

La forma de discipulado que nuestros hijos aprenden es aquello que modelamos con nuestra vida, realizando lo que el Señor ordena en Su Palabra para glorificarlo solo a Él. Después, eso se convierte en su forma de vida.

Hoy mis hijos tienen 21, 19 y 17 años (encontrándose lejos los dos mayores) y siguen siendo jóvenes que sirven a los demás. Recientemente la pequeña estuvo de vacaciones en el país que la vio crecer donde también sirvió a sus hermanos sin ninguna dificultad.

Como madre, ¿de qué forma estas modelando a tus hijos el servicio que nos mandó a realizar el Señor?


Por Liliana Llambés

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