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Misericordia inquebrantable

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Los enemigos del Evangelio aún pueden tratar de derribarnos, pero a través de la muerte y resurrección de Jesús la victoria ya ha sido ganada.

Todos tus mandamientos son verdaderos; ¡ayúdame, porque sin razón soy perseguido! Poco ha faltado para que me derriben, pero ni así me he apartado de tus mandamientos. ¡Dame vida, conforme a tu misericordia, para que cumpla los testimonios que has emitido!Salmo 119:86-88.

“¡Ayúdame!” A pesar de que no había abandonado los preceptos de Dios, o quizás porque los guardaba, los enemigos del salmista casi lo habían derribado. Aún hoy, muchas personas que rechazan a Cristo persiguen activamente a su iglesia y buscan acabar con sus seguidores en la tierra. Cada año, miles de cristianos son martirizados por su fe y miles más sufren violencia, encarcelamiento y la pérdida de sus hogares, pertenencias e ingresos. Y en los países donde tal persecución es ilegal, son ridiculizados escandalosamente por su fe.

Jesús le dijo a sus discípulos: “Si el mundo los aborrece, sepan que a mí me ha aborrecido antes que a ustedes” (Juan 15:18). Jesús no abandonó los preceptos de su Padre, sino que cumplió fielmente todo lo que el Padre le dio para hacer. Sin embargo, los enemigos de Jesús lo persiguieron con odio y falsedad, tratando de volver sus propias enseñanzas contra él. Sus oponentes lograron derribarlo con éxito, o al menos eso creyeron cuando el cuerpo de Jesús fue bajado de la cruz y colocado en una tumba. Pero ese no fue el final. El salmista oró: "Dame vida, conforme a tu misericordia". Y conforme a su misericordia el Padre le dio vida a su Hijo, resucitándolo de la muerte en la mañana de Pascua.

En su inquebrantable misericordia por nosotros y por nuestro Señor crucificado y resucitado, el Padre nos da vida. Por el poder de su Espíritu nos aferramos fielmente a su Palabra cuando nos unimos al salmista, para guardar los mandamientos de Dios y compartir con los demás todo lo que nuestro Señor ha hecho por nosotros. Unimos nuestras oraciones a las de nuestros hermanos en la fe que sufren persecución, pidiendo a Dios que los proteja con su misericordia y cuidado amoroso tanto en este tiempo, como en el que vendrá.

Los enemigos del Evangelio aún pueden tratar de derribarnos, así como intentaron poner fin a Jesús. Podemos sufrir e incluso morir por nuestra fe; pero a través de la muerte y resurrección de Jesús, la victoria ya ha sido ganada. Jesús continúa edificando su iglesia y, según su promesa, "las puertas de Hades no podrán vencerla" (Mateo 16:18b).

ORACIÓN: Señor Jesús, vela por todos los que son perseguidos por tu Nombre. Consuélalos y aliéntalos según tu santa Palabra. Amén.

Para reflexionar:

1. ¿Alguna vez has sido despreciado o difamado por hablar de tu fe? ¿Cómo te sentiste?

2. ¿Cómo oras por las personas difíciles en tu vida?

Por: Dra. Carol Geisler

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