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Mirando al futuro

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María tuvo que encarar el futuro por fe, confiando en que Dios guiaría a su familia hacia la meta que él había planeado para su hijo. Lo mismo debemos hacer nosotros.

“Simeón los bendijo, y a María, la madre del niño, le dijo: ‘Tu hijo ha venido para que muchos en Israel caigan o se levanten. Será una señal que muchos rechazarán y que pondrá de manifiesto el pensamiento de muchos corazones, aunque a ti te traspasará el alma como una espada.’” – Lucas 2:34-35

María amaba a su bebé, por lo que debe haber estado tranquila cuando Simeón predijo el futuro de Jesús, incluso en términos duros: “A ti te traspasará el alma como una espada”, ¡eso no es exactamente lo que quieres escuchar sobre el futuro de tu bebé!

Me imagino que María sintió la primera puñalada mucho antes de que Jesús creciera. Probablemente la sintió cada vez que leían Isaías 53 en la sinagoga, cada vez que Jesús decía o hacía algo que María en su corazón pensaba que algún día iba a provocar un conflicto con las autoridades corruptas; cada vez que cocinaba el cordero sacrificado en la Pascua. ¿Se daba cuenta María de que era un símbolo de la cercana muerte de su Hijo?

Creo que debe ser más fácil para nosotros que ya conocemos la historia de la muerte y resurrección de Jesús. Podemos mirar al pequeño Niño que yace en el pesebre al mismo tiempo que recordamos su muerte sacrificial en la cruz y su gloriosa resurrección. Mirando hacia atrás, podemos ver que valió la pena, que el sufrimiento y la muerte de Jesús nos dieron nueva vida, que su resurrección significa que el mal al final pierde. Conocemos el final feliz. Sabemos que Jesús está con nosotros para siempre, y nunca lo perderemos. Todo vale la pena.

María tuvo que encarar el futuro por fe, confiando en que Dios guiaría a su familia hacia la meta que él había planeado para ellos. También nosotros tenemos que hacer esto en relación a nuestras vidas. Nuestro futuro es en gran parte desconocido. Pero tenemos la bendición adicional de saber exactamente quién tiene nuestra vida en sus manos: nuestro Salvador Jesús. Y sabemos que nunca él nos defraudará. ¿Cómo podría? Él ya dio todo lo que tenía para hacernos suyos.

ORACIÓN: Querido Señor, ayúdame a confiar en ti siempre, y especialmente cuando el futuro sea aterrador y desconocido. Amén.

Para reflexionar:

- ¿Qué cosas te preocupan que puedan suceder en el futuro?

- Cuando tienes miedo y te preocupas, ¿cómo buscas la ayuda de Dios?

Por: Dra. Kari Vo

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