"Mirad a mí"

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Dios no exige sacrificios para ganarnos el cielo. Lo único que exige es que creeamos en Él.

“Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más”, Isaías 45:22

El mundial de fútbol 2014 que se celebró en Brasil contagió a todo el mundo de ese espíritu deportivo y competitivo; y una vez más, lo que la política de los hombres no ha logrado en sus vanos intentos de unificar el planeta en un abrazo de fraternidad, el deporte sí lo logró: hacer que olvidemos por un momento nuestras diferencias culturales, económicas, raciales y religiosas, y entrelazarnos como un solo hombre alrededor del mundo deportivo. Pero hay algo que quisiera destacar y que ocurrió el lunes 30 de junio durante el partido entre los equipos de Alemania y Argelia.

Como es bien sabido por todos, Argelia es un país árabe y musulmán, y en esa fecha se celebraba su tiempo sagrado llamado Ramadán. A sus jugadores, el onceno de fútbol de Argelia, no se les permitía ni comer, ni beber nada. Es decir, esos jugadores, al enfrentar al equipo de Alemania, estaban totalmente en ayunas y ni siquiera podían beber para hidratarse porque su religión no se lo permite.

Tuvieron que jugar 120 minutos (90 minutos reglamentarios, más 30 minutos de tiempo extra) en ayunas y sin beber agua, porque esa es la forma de agradar a su dios y ganarse el paraíso. Recuerdo que el narrador gritaba constantemente: “Es Ramadán, están en ayunas… ¡Es increíble!”

Qué diferente es nuestro Dios, el único Dios verdadero que no exige de nosotras tales sacrificios para ganarnos el cielo. Lo único que Dios exige es creer en Él, en Su muerte y resurrección, y en Sus promesas. No hay que hacer tales o cuales obras para ganarnos el cielo, porque todo lo que se necesitaba hacer ya fue hecho por Cristo en la cruz del Calvario. Lo único que Dios pide es, como dice el texto: "Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra”.

Amiga, sólo hay que mirarle a Él. Si todavía piensas que te puedes ganar el paraíso por tus buenas obras, estás muy equivocada. Nada de lo que hagas puede merecer el cielo que ya Cristo compró con Su sangre para aquellos que vengan a Él en arrepentimiento y fe. Sólo dirige tu mirada hacia Él; confía en Él y el resto Él lo hará.

Oración: Padre, creo que Jesús es el Cristo, el hijo del Dios viviente. Creo que Él es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo y creo que pagó por mis pecados. Me arrepiento y le recibo como mi Salvador personal. Gracias porque todos los sacrificios fueron hechos y satisfechos por Él. En el nombre de Cristo, amén.

Por Carmen García de Corniel 

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