Mi Comida

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No hay nada que satisface más que hacer el trabajo de Dios... dentro y fuera de la iglesia.

“Pero Jesús les dijo: ‘Mi comida es obedecer a Dios, y completar el trabajo que él me envió a hacer’”, Juan 4:34 TLA

Me gusta mucho la comida. Toda. Verduras, frutas, arroz, pasta, papas, pan, pollo, carne, pescado, patatas fritas, galletas, pasteles y, especialmente, el helado. Me encanta la forma en que me hace sentir. Tú sabes, esa sensación que se obtiene después de haber tomado un gran bocado de algo tan sabroso y delicioso, que después de haberlo terminado no puedes evitar dejar escapar un suspiro largo y profundo de satisfacción. Es eufórico.

Así que cuando leí lo que Jesús dijo a sus discípulos: “Mi comida es obedecer a Dios, y completar el trabajo que Él me envió a hacer…”, esto tuvo sentido completo para mí.

Cuando se le instó a comer, Él respondió declarando lo que verdaderamente le satisfacía; lo cual era simplemente hacer la voluntad de Dios. Entiendo. No hay nada que satisface más que hacer el trabajo de Dios. Yo vivo esto lo mejor que puedo. Quiero mostrar Su amor por medio de hacer Su trabajo.

Sirvo en tres áreas diferentes de ministerio en la Iglesia y dirijo un Grupo De Conexión cada dos semanas. He tenido el placer y el privilegio de verle mover de formas diferentes en cada una de estas áreas. Lo que hago por Él me llena…

Entonces, ¿por qué me contuve? Bueno, yo trabajo en la gerencia de una compañía Fortune 500. Cuando se trabaja en un entorno corporativo y conservador, puedes llegar a manipular la vida de una manera corporativa y conservadora, incluso cuando Dios prepara las cosas.

Era como cualquier otro día en el trabajo, salvo que por la mañana había traído un montón de artículos envasados para enviarlos a mi sobrino en Iraq. Las bolsas en las que iban se rompieron, así que decidí ponerlos en la mesa frente a mí. Tuve la pregunta ocasional de paseantes sobre la finalidad de los artículos, a los cuales respondía rápidamente y la conversación terminaba.

Pero entonces pasó Jill. La pregunta de Jill fue diferente. Se detuvo y miró con una expresión curiosa. Parecía estar completamente desconcertada con los ojos mirando hacia arriba y luego hacia abajo, con la cabeza medio virada. Esperé pacientemente a que ella hablara, solo imaginando lo que iba a decir. Entonces preguntó: “¿Por qué haces lo que haces?”

Confundida, esperé una aclaración. Ella dijo: “Quiero decir, sé que haces cosas todo el tiempo (supongo que se refería a la Iglesia), estás siempre ocupada haciendo algo, ahora estás enviando un paquete, pero tienes todo tipo de trabajo del cual eres responsable aquí. Haces esto junto con todo lo demás que haces. ¿Para qué lo haces?”

“Bueno”, le dije, seguido de una exhalación larga y profunda, “mi fe me mantiene. Quiero hacer la diferencia. Quiero que mi vida valga por algo. Al final del día, ¿qué es lo que veré al mirar atrás? ¿Las alturas que he alcanzado, las cosas que tengo, o el impacto que he tenido en los demás?” Sacudiendo la cabeza de lado a lado, Jill aún parecía confundida. “¿No estás de acuerdo?”, le pregunté. “No”, respondió ella y luego se alejó. ¡Wow! ¡Fallo épico! 

Inmediatamente me sentí como el personaje Urkle de esa vieja comedia, Family Matters. “¿Yo hice eso?” ¿Qué pasó? Estaba tan ocupada de estar políticamente correcta que no logré hacer Su obra en el trabajo. Claro, di una buena respuesta, le dije que era mi “fe”, pero cualquier persona puede tener fe. ¿En qué tengo fe? 

En este caso, lo único que tenía que hacer era apuntar todo de vuelta a Él. Metí la pata y me estaba matando. Yo sabía que tenía que arreglarlo. No conocía bien a Jill, así que no sabía si hubiese sido ‘ofensiva’ o no (es la voz de un gerente conservador). Mi respuesta era inquietante e inaceptable. ¡Ella me estaba preguntando a , por el amor de Dios! 

Unos minutos más tarde Jill pasó de nuevo, así que la llamé. “Oye, sabes que no me expliqué muy bien con esa pregunta que me hiciste. La verdad es que, con mi fe, creo todo lo que la Biblia dice. En ella, me dice que soy bendecida para ser una bendición”. Jill respondió: “Bueno, sí, así que una vez que se llega a un cierto nivel, ¿entonces haces esas cosas?” Ella estaba asociando las cosas que hago con un título en el trabajo. “No”, respondí, “… no importa dónde estás, cuánto tienes o tu posición; seas un limpiador o un director general, todos tienen algo que dar. Creo que estoy aquí con un propósito más grande que yo. Creo que Cristo es mi Salvador. No es para mí, es para Él”.

Jill afirmó como si entendiera. Se volvió inquieta y empezó a girar en la dirección opuesta y dijo: “Está bien, esto satisface. Quiero hacer las cosas, pero no tengo tiempo, así que trato de aprender cosas nuevas constantemente. Además, es ideal para un currículum”. No era lo que esperaba. De todas formas le sonreí, “Sí … pero es más grande, es más como una hoja de vida pero de la vida. Cuando me haya ido, ¿será que va a reflejar las cosas que he hecho para vivir mi propósito?”

Tenía una mirada pensativa en su cara. Y con eso, se fue. Ahora eso sí me dejó satisfecha. Nuestra conversación fue breve y no hice mucho, pero hice mi parte. Yo sé que Dios puede tomarlo y suscitar una conmoción en ella.

La cosa es, había estado sirviendo de muchas maneras en la Iglesia, sin embargo, casi me perdí una oportunidad sencilla en la plataforma más obvia de todas, mi trabajo. Su voluntad y el llevar a cabo Su obra no se limita a lo que hacemos o decimos cuando estamos en la Iglesia. Se extiende a dondequiera que vamos. Podría ser en la tienda, el gimnasio, la práctica de tu hijo, la fila en el cine o el lugar donde trabajas.

¿Conoces a alguien como Jill, quien es inquisitiva acerca de todo? Tal vez hay alguien de pocas palabras que no sabe cómo preguntar. ¿Estarás teniendo interacciones con la gente que son realmente las oportunidades abiertas para hacer Su obra? La Iglesia es buenísima, pero no es nuestra única plataforma. ¿Estarás haciendo Su voluntad y llevando a cabo Su obra en donde estás? Haz de Él tu alimento favorito y se lleno donde quiera que vayas.

Por Rosie Arias

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