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Mejor de lo que merecemos

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Jesús no solo nos dio la salvación, sino que nos rescató, sanó y nos llevó a ser parte de su familia.

Cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, lo crucificaron allí, lo mismo que a los malhechores, uno a la derecha de Jesús y otro a su izquierda… [Jesús decía: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.”] Uno de los malhechores que estaban allí colgados lo insultaba y le decía: “Si tú eres el Cristo, ¡sálvate a ti mismo y sálvanos a nosotros!” Pero el otro lo reprendió y le dijo: “¿Ni siquiera ahora, que sufres la misma condena, temes a Dios? Lo que nosotros ahora padecemos es justo, porque estamos recibiendo lo que merecían nuestros hechos, pero éste no cometió ningún crimen.” Y a Jesús le dijo: “Acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.” Jesús le dijo: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.” – Lucas 23:33-34, 39-43

Me pregunto si los soldados escucharon a Jesús: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.” ¿Que tu víctima ore por ti? Esa es una receta para una noche de insomnio.

Pero Jesús tenía razón. Realmente no sabían lo que estaban haciendo. No sabían que él era el Hijo de Dios. Probablemente ni siquiera se daban cuenta de que era inocente. Y así, Jesús se aferra a lo único que podían tener a su favor: su ignorancia, e intercede ante Dios por ellos.

Más tarde Jesús hace algo similar con los delincuentes que le habían estado gritando. Uno de ellos tuvo un cambio en su corazón y le pidió a Jesús que lo recordara. Una cosa tan pequeña, especialmente porque su comportamiento al principio había sido horrible. Sin embargo, ahí está Jesús aprovechando esa cosa pequeña y dando una bendición que el delincuente jamás habría soñado: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”.

Es que Jesús es así: lento para juzgar, rápido para perdonar, siempre dispuesto a darnos a nosotros, personas quebrantadas, regalos que son mucho, mucho mejores que cualquier cosa que pudiéramos merecer o incluso soñar. Esa es la razón por la cual fue a la cruz: para poder perdonarnos, rescatarnos, sanarnos y llevarnos al reino de libertad y alegría de su Padre.

ORACIÓN: Gracias, Jesús, por darnos más de lo que merecemos. Amén.

Para reflexionar:

- ¿Te resulta difícil o fácil dar a las personas más de lo que se merecen?

- ¿Cuándo alguien te dio algo mejor de lo que merecías?

Por: Dra. Kari Vo

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