Mamá y amiga

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Sin perder su autoridad, una madre puede convertirse en la mejor amiga de sus hijos.

A veces se necesita vivir más de un par de décadas para entender ciertas cosas. 

Hace un tiempo una de mis amigas se despidió de su mamá, al menos por ahora. Aquel día ella me dijo: “No solo perdí a mi mamá, perdí a mi mejor amiga”. Sé que fue así.

Si ya llevas tiempo leyendo mi blog, seguro sabes el valor que doy a los amigos. Y si ya leíste “Una mujer sabia”, pues más todavía.

Sin embargo, ha sido en los últimos años que he venido descubriendo una verdad: mi mejor amigo es mi esposo y mi mejor amiga es mi mamá. Sin ninguna duda.

Las mamás son las mejores amigas porque nos conocen muy bien, incluso sin vernos reconocen en el tono de nuestra voz si algo anda mal. Las mamás no tienen expectativas demasiado altas, nos quieren como somos. Las mamás no son perfectas, así que también pueden tener sus “días malos” pero igual nos abren la puerta, nos preparan una sopa, hacen lo necesario por ayudarnos. Las mamás, como la mujer de Proverbios 31, están al tanto de sus familias y se sacrifican.

Eso y mucho más he visto en mi mamá y quiero seguir sus pasos. La admiro grandemente. Su vida no ha sido color de rosa, pero no por eso se ha dejado amilanar. Los años le han dado sabiduría y ahora busco su opinión, la valoro y la escucho. Todavía me regaña si hace falta, pero también me escucha y me anima. Salimos juntas cuando tenemos oportunidad y nos gusta compartir, conversar, recordar.

La abrazo cada vez que tengo una oportunidad, le digo que la amo, porque no quiero mirar atrás y sentir que no se lo dije lo suficiente o que no la abracé lo suficiente mientras pude.

Mi propia hija ya está creciendo y la manera en que ahora nos relacionamos es muy diferente a la que teníamos cuando ella era una niña pequeña. Su entrada a la adolescencia nos ha llevado a conversar más, a compartir “secretos” y sueños. Ella me pide que ore por sus motivos y yo también le doy algunos de los míos. ¡Cuánto lo estoy disfrutando!

No me malentiendas, yo seguiré siendo su mamá, quien disciplina, quien limita, quien pone las cosas en su lugar. Sé que queda mucho por recorrer y habrá momentos escabrosos, pero igual sé que una vez que ella sea adulta, como lo soy yo ahora, entonces pasaremos también al plano de las amigas, como ha pasado conmigo y con mi mamá.

No sé cómo es, o cómo fue tu relación con tu mamá. Si algo no anda bien y puede enmendarse, no pierdas tiempo. Si ya no es posible porque ella no está, perdona lo que haya que perdonar, ya sea en ella o en ti, y pídele a Dios que te libere de la carga. Y si tienes hijos, busca sabiduría divina para ser la mamá que ellos necesiten, y luego una amiga con la que puedan contar cuando ya sean grandes.

Sé que esto no es algo que normalmente escuchamos, pero quise compartirlo contigo porque creo que puede bendecir tu vida, y también porque quiero plasmar de alguna manera cuánto valoro la amistad de mi mamá. ¡Te quiero mucho, mami!

Y a ti, mi querida lectora que eres mamá, Dios te ha dado un enorme privilegio, te escogió para la tarea porque sabe que puedes. No tienes que hacerlo sola, Él está de tu lado, busca Su ayuda y sabiduría.

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