Malas palabras

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¿Has aceptado el uso de cierto vocabulario como algo normal en tu hablar?

Porque de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno saca cosas buenas del buen tesoro de su corazón; el hombre malo saca cosas malas de su mal tesoro. Pero yo les digo que, en el día del juicio, cada uno de ustedes dará cuenta de cada palabra ociosa que haya pronunciado. Porque por tus palabras serás reivindicado, y por tus palabras serás condenado. – Mateo 12:34b-37

Un viejo amigo me dio una revista y me dijo: "Creo que deberías leer este artículo". Y así lo hice. Se trataba de una revista sobre comunicaciones. El artículo daba instrucciones a los ejecutivos sobre cómo hacer para que sus reuniones fueran significativas.

La primera regla era: "Quienes son jefes deben presentarse". La segunda: "Elija un voluntario de la audiencia para que se encargue de las reglas parlamentarias". La tercera, que mi amigo había subrayado para mí, decía: "Diga algunas malas palabras suaves", y seguía diciendo: "No se imagina el efecto que hará en la audiencia".

Cuanto más pensaba en esa sugerencia, más me enfadaba.

Sé que es imposible prender el televisor o ir a ver una película sin estar expuesto a escuchar malas palabras. Sé que los adolescentes de hoy día creen que utilizar malas palabras los hace más hombres, y que algunas mujeres se jactan de usar cierto vocabulario con tal de ser iguales a los hombres.

Pero aun así, eso no es lo que el Señor espera de sus seguidores. El Señor, que dio su vida para que nosotros tengamos vida y que habló con toda autoridad, no necesitó adornar su poderoso mensaje con palabras profanas.

Una cosa más... El discurso más impactante que escuché en mi vida fue dicho sin palabras. Una vez, cuando le fallé a mi padre, él no dijo absolutamente nada. Solo me miró... me miró con esa mirada que todavía hoy recuerdo... una mirada que decía: "Ken, me has decepcionado".

A partir de ese momento, esa mirada de un hombre respetado y honorable, y no malas palabras, ha definido para mí lo que un verdadero hombre puede decir.

ORACIÓN: Señor Jesús, tus palabras han sido y siguen siendo únicas. En ellas escuchamos el amor del Padre y la fuerza que tú nos das. Que el Espíritu Santo llene nuestros corazones para que las palabras que digamos glorifiquen siempre tu nombre. Amén.

Por: Pastor Ken Klaus

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