Los nombres de Dios: Jehová-Jireh

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La razón más importante por la que nos cuesta obedecer a Dios es que no confiamos lo suficiente en que Él puede proveer.

“Jehová proveerá” – Génesis 22:14

Te voy a ser honesta, hay algunas historias en la Biblia que me alteran un poco… y esta es una de ellas.

Me cuesta mucho entender el hecho de que Abraham estuviera dispuesto a sacrificar a Isaac… solo pensar en eso me revuelve el estómago y me da vueltas en la cabeza.

Es anormal.

Es cruel.

Y mis ojos se sienten muy incómodos y paso la hoja… tratando de encontrar una sección más alegre para leer.

Porque, la verdad sea dicha, a nadie le gusta leer o hablar de sacrificios.

Y a pesar de ser la parte central del evangelio, realmente no nos gusta hablar de esos sacrificios… y mucho menos si es algo personal.

Y algo personal es donde Dios está.

Abraham atesoraba a Isaac.

“Luego Dios dijo, ‘Toma ahora tu hijo, tu único hijo , Isaac, A QUIEN AMAS, y vete a tierra de Moriah.’” – Génesis 22:2

En serio, ¿podía ser Dios más específico?

Tu hijo …

Tu único hijo…

Su nombre es Isaac, en caso de que estés confundida.

Sabes cuál, el hijo que amas… sí, ese mismo.

Dios llamó a Abraham a sacrificar a su hijo Isaac…y nos está llamando a nosotras a hacer lo mismo.

Sea cual sea el “Isaac” en nuestras vidas, no hay nada ni nadie que pueda tomar el lugar que está únicamente reservado para Dios.

¿Por qué?

Porque Dios sabe que los humanos o “las cosas terrenales” son pobres dioses sustitutos.

Sólo Dios puede llenar nuestras necesidades.

Pero para conocer esta verdad, debemos estar dispuestas a caminar hacia la montaña de la obediencia… nuestra propia “Moriah”, dispuestas a “sacrificar” en nuestros corazones lo que amamos más que a Dios.

Porque nos hemos creído el cuento de que sabemos qué es lo mejor para nosotras, más de lo que Dios sabe.

Luchamos en nuestra obediencia, porque la razón más importante es que no confiamos lo suficiente en que Dios puede proveer.

Así que muchas veces pensamos que sabemos lo que es mejor para nosotras. Fallamos en ser obedientes a lo que Dios nos ha llamado a hacer porque no confiamos en que Él será fiel y confiable.

Tememos que Él no proveerá.

Tememos que Él no lo proporcionará.

Tememos que nuestra obediencia nos costará demasiado y que implica sacrificio.

Nos conformamos con el hombre frente a nosotras porque no confiamos en que vendría uno mejor.

Nos conformamos con lo fácil ya que no sabemos confiar en lo difícil.

Así que, ¿Qué es eso que Dios te está pidiendo que sacrifiques?

Quizás, solo quizás, hay algo mejor para ti al otro lado de ese sacrificio.

Para algunas de ustedes, puede ser una situación mejor. Un mejor trabajo, una vida más saludable. O una mejor relación con Dios.

Una cosa que podemos aprender de esta historia de es que él escuchaba lo que Dios le decía.

Dios habló y Abraham obedeció… incluso cuando no entendía.

Incluso cuando el plan no estaba claro.

Abraham confiaba en que Dios actuaría a la altura de Su nombre… “El Señor proveerá”.

“nosotros iremos a adorar y luego NOSOTROS volveremos a vosotros.” – Génesis 22:5 

Abraham no sabía cómo, pero puso su confianza en el Señor y caminó en obediencia.

El Señor proveerá…

Ahora, antes de que te desanimes y digas “nunca podría confiar en Dios como Abraham”…

Entiende que Abraham, así como todos nosotros, estuvo muchos años en crecimiento. ¿Recuerdas a Agar e Ismael? ¡Exacto!, Abraham no confió totalmente en Dios en esa situación y como resultado obtuvo dolor para todos aquellos involucrados por su desobediencia y desconfianza.

El pecado tiene maneras de afectar al inocente.

SIN EMBARGO, Dios es fiel y usó esa oportunidad para que la fe de Abraham creciera y se refinara en el proceso.

Por las consecuencias de la desobediencia de Abraham, él aprendió la lección invaluable de confiar en que Dios provee.

No sé si estás en medio de una situación complicada, pero querida amiga, quiero animarte con esta verdad….

El nombre de Dios es Jehovah-Jireh… “El Señor Proveerá”. Tomemos ese nombre como nuestra promesa.

El Nombre de Dios no está en pasado, está en un futuro activo… Él Proveerá.

Y Él lo hizo en una vieja cruz hace más de dos mil años.

El Cordero de Dios, no un carnero atrapado en un zarzal, sino un Salvador… un Redentor que está dispuesto a ser sacrificado por nuestros pecados para que tengamos perdón y libertad a través de Él.

¡Eso es algo para estar muy agradecidas!

Desafío: Esta semana pasa tiempo en oración y pide a Dios que te revele si tienes algún “Isaac” en tu vida. Si es así, busca a Dios para ayudarte y guiarte en ponerlo a Él en el lugar apropiado en tu vida.

Por Angela Perritt

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