Lo que siembras… cosechas

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¿Quién nos ha hecho creer que sembrando luchas, celos o hipocresía cosechamos paz y frutos de justicia?

He visto mucho en estos últimos tiempos a personas que manejan sus acciones por envidias, por actos de corrupción, por contiendas. ¡Y la gran mayoría de ellos son cristianos!

“Pero si ustedes lo hacen todo por envidia o por celos, vivirán tristes y amargados; no tendrán nada de qué sentirse orgullosos, y faltarán a la verdad”, Santiago 3:14 (TLA).

¡Siembra paz y cosecharás paz! ¿Quién te ha hecho creer que sembrando luchas, celos o hipocresía cosecharás ganancias de paz y frutos de justicia en tu vida?

Hay dos cosas en nuestras vidas que deseamos cuando nos comprometemos a lograr lo extraordinario en nuestra manera de ser, en nuestras familias, en nuestras iglesias, en nuestras organizaciones. La primera es sabiduría y la segunda es paz.

¿Quién no ha pedido poder levantarse cada mañana en medio de frutos de paz y pudiendo tomar cada decisión cotidiana de manera sabia? Déjame decirte hoy que ¡sí se puede!

La inversión de nuestras vidas y de nuestro tiempo debe ser en espacios de paz. Algunos han creído que debe sembrarse en lucha, en guerra, en ira, en celos, en hacerse su lugar ocupando el del otro, para luego poder cosechar en paz. Pero cuando llegan, cuando lo logran, no encuentran la paz porque no se sembró un fruto de justicia en paz, sino en celos amargos y contención de corazón.

La palabra de Dios nos enseña que para cosechar en paz hay que sembrar en paz. Que la sabiduría -que es aplicar el conocimiento que tienes en la vida cotidiana- debe provenir de lo alto, por lo que es pura, pacifica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía.

La que no proviene de lo alto está cargado de celos y contención en medio de perturbación y toda obra perversa.

Una sabiduría pura es aquella que no está adulterada. No se le agrega agua al buen vino para poder disfrutarlo y degustarlo. Así mismo no se le agrega mezclas al modelo de lo alto, para poder vivirlo pleno y disfrutarlo al máximo.

Uno de los grandes trucos es pensar que poniéndole una pizca de control tendremos más sabiduría, pero eso lo único que hará es aguarla.

El modelo de lo alto es pacífico. No busca pleitos. Genera espacios y contextos de bendición. Piensa bien y ante las cuestiones cotidianas sigue pensando bien. Debes estar dispuesto a perdonar y a ser una posibilidad para el otro, a darle al vecino la mano abierta y no cerrada.

El modelo de lo alto es amable. Se relaciona con el otro desde una manera de ser que bendice.

El modelo de lo alto es benigno. Simplemente es ser bueno.

Que en cada momento de tu vida se destaquen acciones que hacen bien a otros, a la situación, a la sociedad.

Más allá de cómo te trate el otro o cómo te pague, sé bueno por ti mismo. Y camina por la vida sabiamente. Siembra hoy paz para que coseches paz.

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